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La clase magistral de cine de Bertrand Tavernier

El director da cuenta de sus conocimientos y de su rendida admiración por los grandes maestros en el documental de tres horas 'Viaje por el cine francés', presentado en el Festival de San Sebastián

Bertrand Tavernier en el Festival de Cine de San Sebastian 2016.
Bertrand Tavernier en el Festival de Cine de San Sebastian 2016.

Consciente de sus elecciones afectivas y asumiendo con plena responsabilidad cada una de sus apuestas y cada uno de sus descartes, Bertrand Tavernier (Lyon, 1941) ha plasmado en Voyage à travers le cinema français (Viaje por el cine francés) su personal canon de películas y directores. El documental, de más de tres horas de duración, es un tesoro por doble vía: primero, por la cantidad de información sobre el género; y segundo, por la extrema sensibilidad, amor y a veces colmillo a la hora de contarla. La película, que fue estrenada en el último Festival de Cannes, ha abierto la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián y llegará a las pantallas españolas en primavera.

Los grandes colosos del cine francés de los años 30, 40, 50 y 60 desfilan por la película. Los Bresson, Renoir, Becker, Carné, Sautet, Truffaut, Godard, Gabin, Signoret, Simon, Moreau y compañía conforman el casting de Tavernier, que se pasó seis años preparando el documental y 80 semanas para acabar el montaje. “He huido absolutamente del academicismo y de dar lecciones a nadie, no soy ni profesor ni crítico de cine… esta es mi apuesta personal, mi viaje por aquellos maestros que amo y lo que sus películas me hicieron sentir y sí, en cierto modo puede ser considerada como una autobiografía”, ha comentado el director de La vida y nada más, L627 y Capitán Conan durante una charla con este diario.

Al igual que hiciera su amigo Martin Scorsese con el cine italiano y el americano en sendos documentales Il mio viaggio in Italia (Mi viaje a Italia) y Un viaje personal con Martin Scorsese a través del cine americano, y él mismo con sus dos monumentales volúmenes sobre el cine norteamericano, Bertrand Tavernier disecciona las obras clásicas de la cinematografía francesa y a los personajes que las hicieron posibles. El resultado es una gigantesca clase magistral no solo a nivel histórico, sino también a nivel técnico. Ver una secuencia de La regla del juego o de París bajos fondos mientras se escucha a Tavernier en off explicar ese travelling de Renoir (“un genio como cineasta, una puta como persona”, según le dijo un día el actor Jean Gabin al propio Tavernier) o la importancia de esos fondos de plano es un placer para cualquier amante del cine y un privilegio para todo amante del cine clásico francés.

A las tres horas y cuarto de la película se sumarán nueve episodios de una hora de duración que serán emitidos en la televisión francesa: es la prolongación de un proyecto monumental cuyo proceso de financiación no fue precisamente un cuento de hadas. Hay que tener en cuenta que cada minuto reproducido de una película de Jean Renoir o de Robert Bresson cuesta mil euros. “Y teniendo en cuenta todo el material que hemos utilizado, lo menos que puedo decir es que eso significa una bonita suma de dinero”. Tavernier se muestra hoy especialmente ofuscado ante el hecho de que cadenas televisivas supuestamente sensibles a este tipo de producciones como Arte o Canal Plus no apostasen por él (Canal Plus Francia sí entró al final, no así la cadena cultural Arte). Finalmente, las históricas Pathé y Gaumont unieron esfuerzos para que el filme viera la luz.

El director francés pone en pie todos los argumentos posibles para seguir haciéndose aquella pregunta que el escritor y Premio Nobel francés Jean-Marie Le Clézio lanzaba en el prefacio al libro de Robert Bresson Notas sobre el cinematógrafo: “¿Son las preguntas las que hacen las películas o son las películas las que plantean las preguntas?”. También retoma Tavernier la que para él es sin duda una de las biblias del cine en cuestión de metodología ética del oficio: el elogio que Jacques Rivette pronunció sobre Howard Hawks, en el sentido de que “era alguien que sabía colocar la cámara a la altura del hombre”.

Para Tavernier, que asegura que todo esto le ha servido entre otras cosas para “reevaluar muchas películas, algunas de las cuales no me gustaban y ahora me han gustado”, se trata en definitiva de plantar un espejo delante de un país, un espejo en forma de cine. “Este arte del cine es el espejo perfecto para entender un país. El cine americano te da una imagen perfecta de lo que son los Estados Unidos, y espero que esta película haga lo propio con mi país y su sociedad”, explica. El cine, espejo perfecto y, volviendo a Bresson, “la eyaculadora fuerza del ojo”.