Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Guillermo del Toro abre su baúl de monstruos en Los Ángeles

El Museo de Arte dedica una exposición al cineasta mexicano con 500 piezas de su universo fantástico

Guillermo del Toro (izq) y Alejandro González Iñárritu (derecha), en el museo sobre el director de 'El laberinto del Fauno'.
Guillermo del Toro (izq) y Alejandro González Iñárritu (derecha), en el museo sobre el director de 'El laberinto del Fauno'.

Si como decía Goya, el sueño de la razón produce monstruos, Guillermo del Toro vive en un perpetuo estado de sonambulismo, a juzgar por las muchas pesadillas que tiene. Las criaturas salidas de la mente de este prolífico cineasta mexicano son tantas que hasta tienen casa propia. Dos a falta de una. Las casas desoladas, como las llama en honor al libro de Dickens. Dos mansiones contiguas donde el autor de Cronos, El laberinto del fauno y La cumbre escarlata crea, escribe, piensa, juega y, en ocasiones, hasta duerme. Mansiones reservadas a unos pocos elegidos como James Cameron, Idris Elba, J.J. Abrams, Cornelia Funke o Jon Favreau, invitados de uno en uno, casi de puntillas, a este templo del horror. Donde, si quiere, va su familia, aunque viven en una casa aparte. Y donde no entra ni la señora de la limpieza, para que no le rompa nada, ni el electricista, porque le da miedo. Pero que ahora han abierto sus puertas a cualquier mortal interesado en conocer lo que se esconde en la sinrazón de ese al que sus amigos llaman "el gordo".

Se trata de la exposición Guillermo del Toro: En casa con monstruos, que hasta el 27 de noviembre llena las galerías del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (más conocido como LACMA) y que incluye unas 500 piezas del universo de este autor. “Comencé de niño y tengo todo lo que he ido coleccionando desde entonces. Soy un tipo monstruoso al que le gusta leer, ver cine, jugar con sus juguetes y que pasados los 50 puede vivir la vida de un niño rico de 12 años”, confesó el también guionista y productor a EL PAÍS mientras preparaba la exposición. El LACMA cuenta entre los objetos expuestos el que llama "el paciente cero", ese pequeño hombre lobo de peluche que un Del Toro con siete años, amante de revistas como Famosos Monsters del cine, se fabricó con un retazo del abrigo de piel de su madre. Un comienzo prometedor que ahora ocupa un lugar de honor junto a sus galardones conseguidos.

El peluche es una mínima muestra de las monstruosidades que saltan a la vista en esta exposición donde las criaturas nacidas de la mente de Del Toro para películas como El laberinto del fauno (tanto el fauno del título como el hombre pálido con los ojos en las palmas de sus manos) están reproducidas a tamaño real y conviven con esas otras esculturas gigantescas que decoran sus casas, como ese Boris Karloff transformado en Frankenstein, un Edgar Allan Poe sentado a su mesa o diversas criaturas salidas de la película Freaks.

Trece bibliotecas

En su "guarida de hombre", como también llama a las casas desoladas, Del Toro asegura que tiene su gran colección ordenada en diferentes bibliotecas. 13 en total. "Una dedicada a los libros de horror, otra a los de arte, otra a la historia", detalla de un conjunto que supera los "9.000 libros, 50.000 cómics y miles de juguetes", distribuidos por corredores secretos, librerías que se mueven y habitaciones en las que llueve perennemente incluso en la soleada California donde están sus casas. Bibliotecas que utiliza como fuente de inspiración. Ahí están sus originales de dibujantes e ilustradores como Giger, Moebius, Arthur Rackham, Gorey o Eyvind Earle, entre otros, que decoran sus paredes y ahora la exposición.

La muestra recoge solo el 10% de todo lo que alberga el realizador en sus casas

La muestra no quiere ser cronológica, sino que está organizada por secciones: Infancia e inocencia; Periodo victoriano; Magia, alquimia y ocultismo; Cine, cómic y cultura popular; Frankenstein y el horror; Aberraciones y monstruos, y Muerte y el más allá.

El más allá de Del Toro no tiene límites. Uno de los creadores más prolíficos de la cultura popular actual rueda estos días en Toronto su próxima película, The Shape of Water, una historia de amor entre un hombre sirena y una mujer; produce la secuela de Pacific Rim y en diciembre estrena en Netflix la serie de animación Trollhunters. Además, está la serie de horror The Strain, basada en la novela que él mismo coescribió; o ese otro libro que prepara junto a Funke sobre el universo de El laberinto del fauno, película en la que también se inspira un futuro musical de Broadway.

Aunque los planes iniciales hablaban de pasear su colección por México, París, Londres y Barcelona, la muestra no irá más allá del Instituto de Arte de Minneapolis y de la Galería de Arte de Ontario, en Toronto, ambas instituciones que, como el LACMA, han participado en su organización. El realizador reconoce que la exposición no es ni el 10% de todo lo que alberga en sus casas de Westlake Village. Del Toro afirma que no puede vivir sin sus preciadas posesiones: "Me paso el 90% de mi tiempo con ellas. Son yo", asevera. "Soy de los que piensa que el lugar en que vives es una extensión de ti mismo. Dice algo de quién eres. Y cada vez que estoy en mi casa me transformo", remata con orgullo hablando de ese lugar que soñó en Guadalajara (México) cuando tenía 7 años y que ahora es un museo.

El fauno y el hombre pálido, unas criaturas especiales

El hombre pálido.
El hombre pálido.

Rocío Aguilera

Los seres de El laberinto del fauno —presentes en la exposición de Guillermo del Toro en el LACMA— ocupan un lugar especial en la casa de los monstruos del director mexicano.

El amante de extrañas criaturas, que a mediados de julio declaró en Montreal que cree que “los monstruos salvarán su alma, al igual que los cristianos creen que Jesús salvará sus vidas”, utilizó al fauno y al hombre pálido para representar elementos que él considera “más espeluznantes” como el fascismo y la Iglesia católica.

El director declaró en 2006 —año en el que se estrenó la película— que fueron las pinturas negras del español Francisco de Goya, en especial Saturno devorando a un hijo, las que lo inspiraron para crear el hombre pálido. Este y el fauno son actualmente referentes cinematográficos y siempre figuran entre las mejores creaciones de Del Toro.