Sam Mendes, el experto en Shakespeare que dirigió a James Bond

El cineasta es el invitado de 'Una vida en imágenes', el programa de entrevistas producidas por la Academia Británica del Cine y la Televisión

Foto: tcm | Vídeo: EL PAÍS TCM

Antes de debutar como director de cine con American Beauty, Sam Mendes tenía una amplia experiencia en el mundo teatral. Durante diez años fue director del Donmar Warehause, una sala que pertenece a la Royal Shakespeare Company y en la que se representan versiones renovadas de los grandes clásicos. “Hace tres décadas, hacer cine en Inglaterra parecía una tarea imposible y el teatro se convirtió en mi hogar”, explica el realizador. “Después recuperé la posibilidad de hacer cine, sobre todo porque, en aquella época, había otros directores de teatro que habían dado ese paso. Gente como Kenneth Branagh, Nick Hytner, Roger Michell o Danny Boyle”.

El sábado 16 de julio Sam Mendes será el invitado de Una vida en imágenes, el programa de entrevistas producidas por la Academia Británica del Cine y la Televisión, y que en España emite el canal TCM. Además, antes y después de emitir esa conversación, conducida por Briony Hanson, directora del Brittish Council Film, se podrán ver dos películas de la filmografía de Sam Mendes: la ya mencionada American Beauty, que protagonizan Kevin Spacey y Annette Bening, y por la que Mendes ganó en el año 2000 el Oscar al mejor director; y Jarhead, el infierno espera, un drama bélico ambientado en la Primera Guerra del Golfo con Jake Gyllenhall encabezando el reparto.

De estas dos películas habla en la charla el director británico. De American Beauty cuenta, por ejemplo, que a los dos días de comenzar el rodaje se dio cuenta de que no iba en una buena dirección. “Todo estaba mal. Los trajes quedaban grandes; la actuación era afectada; el encuadre era demasiado rígido… Lo repetí todo. A los actores les sorprendió un poco pero después vieron muy claro lo que quería hacer. A partir de entonces, todo fue mejorando poco a poco y a las dos semanas ya lo bordaba”, explica.

Sobre Jarhead, el infierno espera confiesa que la hizo porque siempre quiere que sus películas sean totalmente diferentes a las anteriores. “Se rodó en un momento complicado pero fue la oportunidad de hacer cosas nuevas. No quería tener un storyboard ni planos fijos. Todo se filmó con cámara al hombro, a veces con dos para tener una mayor libertad y quitarle la formalidad y la rigidez de mis otras dos películas. Tiré mi libro de instrucciones y empecé de cero”, afirma.

El 1 de agosto Sam Mendes cumplirá 51 años. Nació en la localidad inglesa de Reading. Fue el hijo único de un matrimonio formado por una escritora de libros infantiles y un profesor universitario originario de la isla de Trinidad. Estudió en Cambridge donde se graduó en Literatura inglesa. Con 24 años ya montaba y dirigía obras teatrales en el West End londinense. Con un currículo así, no parecía el director más apropiado para dirigir dos títulos de la saga de James Bond, el famoso agente 007. “Fue por Daniel Craig”, confiesa. “Había rodado con él Camino a la perdición y le conocía desde hacía 15 años. Al acabar Quantum of Solace le pregunté ‘¿Quién hará la próxima’. Y me respondió: ‘No sé ¿tú?’. Así nacieron Skyfall y Spectre, las dos últimas aventuras del espía del servicio secreto británico con licencia para matar. “2.500 personas trabajando al mismo tiempo es un subidón para cualquier director. Si todo sale bien, es alucinante, no solo para el realizador sino para todo el equipo”, dice.

Para Sam Mendes, el secreto de su profesión, ya sea dirigiendo una gran superproducción o un pequeño montaje teatral, es tener en su mente la visión completa del proyecto. “Tenemos un trabajo maravilloso. Es un privilegio poder dedicarse a esto y saber que el público vendrá a ver tu obra”, sentencia.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Babelia

Las novedades literarias analizadas por nuestros mejores críticos en nuestro boletín semanal
RECÍBELO
Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS