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La orgía de música y luz de Bollywood apabulla Madrid

Los premios IIFA se entregan en un espectáculo musical de cuatro horas y coreografías espectaculares

Priyanka Chopra en los premios IIFA 2016.
Priyanka Chopra en los premios IIFA 2016.

Pantagruélico, desmesurado, homérico, excesivo, mayestática, descomunal, exorbitante… A pesar de la riqueza del castellano, faltan palabras para describir una ceremonia de los IIFA, los Premios de la Academia Internacional de Cine de la India –bajo ese nombre, en realidad una marca comercial, se esconde una empresa privada, Wizcraft International-, cuya 17ª edición se celebró anoche en Madrid. El acto estuvo a la altura de una industria que produce un millar de películas al año y vende más de 4.000 millones de entradas, principalmente en país con 1.300 millones de habitantes, 840 millones de ellos menores de 35 años, y que ha convertido su nombre, Bollywood –porque principalmente se rueda en Mumbai, la antigua Bombay-, en sinónimo de películas larguísimas, repletas de espectáculo, acción, amoríos, drama y, sobre todo, números musicales que convierten a la expresión horror vacui en algo cercano a la simplicidad y a los grandes musicales de Broadway en lastimosas funciones de fin de curso escolar.

Anoche, con todas las entradas vendidas –aunque había bastantes sillas vacías, de los espacios de los patrocinadores- el pabellón 6 del madrileño Ifema albergó un inmenso escenario que sencillamente abotargaba a los más de 5.000 espectadores. La excusa era la entrega de premios –nada se sabe quién vota- en los que había categorías tan sorprendentes como Mejor cantante masculino en Playback y su equivalente femenino o Mejor personaje negativo. Para quien tenga interés en esos galardones, fueron según lo previsto: el drama romántico histórico Bajirao Mastani, que había ganado la noche anterior en una gala previa nueve premios técnicos, se llevó los trofeos a mejor dirección, actor protagonista y actriz secundaria (que obtuvo la ex Miss Mundo y protagonista de la serie estadounidense Quantico Priyanka Chopra). Su protagonista, Deepika Padukone, ganó el premio a mejor actriz, pero por otra película –competía contra sí misma-, Piku. El giro final sorprendió al público, cuando el galardón a mejor película se lo llevó Bajrangi Bhaijaan, algo que bien pensado tenía sentido: la produce y protagoniza Salman Khan, uno de los chicos malos de Bollywood, con más seguidores en Twitter que DiCaprio y Cruise juntos, condenado a cinco años de cárcel por atropello y otros cinco por caza furtiva, y autor de frases como “puedo dejar todos mis vicios, incluso el alcohol, pero no el de estar con mujeres” o, en la promoción de su última película, Sultán, “cada día, después de los entrenamientos de boxeo, me sentía como una mujer recién violada”. Da igual el tamaño de sus fechorías, él, que no baila mucho y no canta nada, protagonizó el número final, con todo el público de pie grabando y aplaudiendo al intérprete de algunos de los títulos más taquilleros de la historia de su país.

Sin embargo las protagonistas de la gala fueron las mujeres. Primero, la alcaldesa Manuela Carmena, que salió al escenario a dar un discurso imbuido en sus palabras del ritmo y el exacerbamiento de Bollywood. Chopra, que por cierto agradeció a la audiencia española su fidelidad a Quantico, también recibió el galardón a Mujer del año por sus numerosas acciones humanitarias, y cantó por primera vez en su carrera en directo en un escenario: su número arrancó con espíritu cabaretero inspirado en el musical Chicago para en una fascinante transición acabar en el más tradicional espíritu indio. Por su parte, Padukone, 1,74 metros de altura y que con tacones sacaba una cabeza a los dos presentadores (una especie degenerada de Trancas y Barrancas locales), actuó en el mejor momento musical de la gala, explosivo e hipnótico. En todas las actuaciones el volumen de la música no entendió de matices (atronador no hace justicia como calificativo), las coreografías contaban normalmente con 100 bailarines y con cambios de vestuario y maquillaje de no más de 30 segundos, y el espectáculo de proyecciones y luces alcanzó tanta complejidad como perfección. Por ver esos momentos se había pagado hasta 225 euros por entrada, y merecía la pena. En las más de cuatro horas de la gala –y eso que solo se dieron 17 premios- hubo tiempo para agradecer sin complejos sus aportaciones a los patrocinadores. Por ejemplo, el legendario Anil Kapoor –de paso premio a mejor secundario- apareció en un coche, y tras protagonizar un momento de acción con el vehículo agradeció su seguridad y fiabilidad. Padukone –hija de un reputado jugador de bádminton- aseguró que había llegado hasta allí gracias a practicar deporte, antes de dar paso a un video musical fascinante en donde nunca se mencionó, pero siempre se veía su logo, a la marca deportiva más famosa del mundo. Hasta el presidente de la compañía de automóviles entregó los trofeos a mejor actor y actriz. Se estrenó el ansiado tráiler de la épica Mirzya –el que se espera sea el taquillazo del otoño en la India- y de la segunda temporada de la serie 24, que en su versión hindi protagoniza el omnipresente Kapoor, cuyo legendario tupé se mantuvo durante toda la gala sin sufrir ningún mínimo desplazamiento. Una ceremonia con poca gracia en sus presentadores y algunas lagunas de realización, que seguro será acortada en su versión televisiva.

Mientras, en el patio de butacas, centenares de saris, cardados y flequillos cubistas, pasión desaforada entre los espectadores y un público que entraba y salida a comprar la cena a los restaurantes de comida rápida situados dentro del Ifema. Para entender el negocio de la velada, base contar que en una pizzería alguien entregó 4.000 euros al cajero y en inglés pidió: “Pónmelos en pizzas”. Solo los españoles se quejaron del retraso del inicio (a algunos compradores de entradas se les dijo que el evento arrancaba a las ocho, la hora oficial estaba fijada a las diez de la noche y arrancó a las 22.26), el resto asumió con naturalidad las entradas duplicadas o la desorganización que estos días ha reinado en los diversos actos del fin de semana de Bollywood en Madrid. El Ayuntamiento ha apoyado el evento con un millón de euros, y si es verdad que han venido 15.000 visitantes ha merecido la pena. España es muy poco conocida en la India. Algo más desde el estreno en 2011 de Solo se vive una vez, que se rodó en la Tomatina de Buñol, en Pamplona para reproducir sus encierros y en la Costa Brava. Por cierto, su protagonista, Hrithik Roshan, volvió a lucir sus mayestáticos pectorales. Un pecho masculino así solo cabe en una película de Bollywood.