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FERIA DE LAS HOGUERAS DE SAN JUAN

Sinfonía completa de José Tomás en el día de San Juan

Extraordinaria tarde del torero madrileño, que sale a hombros junto a Manzanares

José Tomás da un pase a su segundo toro, al que cortó dos orejas.
José Tomás da un pase a su segundo toro, al que cortó dos orejas. EFE

Sinfonía completa de José Tomás al cuarto. Todo el esplendor del torero ante un no menos espléndido toro de Núñez del Cuvillo. Desde la salida, con lances a pies juntos y templados, o en el quite que siguió al puyazo: dos delantales, otras tantas tafalleras y la revolera de firma. La faena la inició con siete estatuarios en el platillo, sin mover un músculo, y un monumental pase del desprecio con la izquierda. Siguió a lo grande. La mejor versión de José Tomás, ante un toro mucho más aparente que su primero. Muy buen toro el de Cuvillo. La faena mantuvo siempre un nivel alto. El temple, la profundidad de los muletazos siempre cargando la suerte. Y una colocación infalible ante el toro. Siempre la muleta cosida al hocico del toro, arrastrada con mimo por la arena. Mucha personalidad en todo. Los naturales de frente y los de la propina final, dados con la mano derecha sin ayuda del estoque, fueron un monumento al toreo. No tuvo resquicio alguna la faena, rematada con una buena estocada a la que el toro se resistió. Hasta por tres veces se levantó el bravo astado. Cuando finamente rodó, la plaza fue un clamor.

Bohórquez, Cuvillo / Manzanares, Tomás, Manzanares

Toros de Fermín Bohórquez, para rejones, y de Núñez del Cuvillo, para lidia a pie, desiguales de presencia. Al quinto se le dio la vuelta al ruedo en el arrastre.

Manuel Manzanares: pinchazo y entera (saludos); bajonazo (silencio).

José Tomas: casi entera, trasera y caída (oreja); estocada —aviso— (dos orejas).

José María Manzanares: pinchazo y media desprendida (silencio); estocada (dos orejas).

Plaza de Alicante. 24 de junio. Tercera de Hogueras. Lleno absoluto.

José Tomás lidió en su primer turno un toro sin trapío. La presencia del torero dejaba en segundo plano cualquier otra cuestión. Ese primero fue toro de muy buen juego en la muleta. Tuvo fijeza, transmitió y duró hasta que Tomás dijo basta. La faena tuvo las virtudes propias de José Tomás, pero la falta de toro minimizaba la escena. Series largas, de siete u ocho muletazos y los remates por afarolados o de pecho muy celebrados por la gente. Las manoletinas de frente o de perfil, indistintas, cerraron una labor muy limpia pero sin la chispa necesaria por la falta de toro.

Un manso fue el tercero de la tarde. La cosa, perdida casi a las primeras de cambio, no tenía más solución que acabar pronto. Manzanares ahorró tiempo y finiquitó el asunto.

En el sexto sopló el viento de popa tras lo de José Tomás. Y Manzanares aprovechó otro buen toro. El clasicismo estuvo siempre en liza y lo mejor de esa faena siempre se decantó por el lado izquierdo. Por ese pitón Manzanares describió naturales de gran belleza y elegancia. Entró a matar a recibir y dejó la espada en todo lo alto.

No fue la tarde de Manuel Manzanares. Muy discreto en el primero, aunque de salida templó bien, y sin acierto ante un cuarto que se paró. Manzanares no supo cómo resolver y se sucedieron las pasadas en falso.

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