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De Niro y Scorsese celebran el 40 aniversario de ‘Taxi Driver’ en Tribeca

El equipo de la película se reunió en el festival de Nueva York para recordar anécdotas del rodaje y de una ciudad que ya no existe

El Teatro Beacon en el 40 aniversario de la proyección de 'Taxi Driver'.
El Teatro Beacon en el 40 aniversario de la proyección de 'Taxi Driver'. EFE

Cuando Martin Scorsese entregó Taxi Driver a la MPAA, la asociación encargada de graduar las películas, se la devolvió con la peor calificación posible: X. Por su violencia extrema, si el filme se mantenía así solo podría llegar a verse en las mismas salas que el protagonista, Travis Bickle, frecuentaba en Times Square. Columbia Pictures le exigió entonces al director que hiciera lo que fuera para rebajar la calificación a R (mayores de 18 años).

La leyenda cuenta, y así lo narra Tarantino, que Scorsese se quedó despierto toda la noche. Borracho y con una pistola cargada en su mano. Agitado y nervioso como su taxista. Frustrado y cabreado. Convencido de que al día siguiente, “mataría al ejecutivo de Columbia que le estaba haciendo cortar su obra maestra”. Pero sus amigos y compañeros de profesión fueron pasando por aquella sala cargada de odio, intentando calmarle. “He oído historias de que todos ellos maduraron esa noche porque se dieron cuenta de lo serio que estaba Scorsese ante la promesa de lo que estaba haciendo”, cuenta el director de Pulp Fiction sobre una de sus películas favoritas.

Por suerte, en algún momento de esa noche febril, Scorsese encontró la respuesta. Rebajó el color rojo sangre de la escena de los disparos finales y consiguió su ansiada R sin cortar ni un segundo de la historia que Paul Schrader había escrito para él sobre la degradación de la sociedad a través de los ojos de un personaje fanático, solitario y aislado. Posiblemente, uno de los mejores retratos individuales filmado en la historia del cine que, estrenada hace hoy 40 años, aún mantiene su relevancia e influencia.

Así lo demostraron en la noche del jueves en el pase especial celebrado en el marco del Festival de Tribeca. Con las entradas agotadas desde el momento que se anunció el evento, el Beacon Theatre de Nueva York se llenó para ver una vez más Taxi Driver y presenciar después una reunión histórica. Como había hecho el año anterior con el aniversario de Uno de los nuestros, Robert De Niro aprovechó su festival para reencontrarse con el equipo de la película que transformó su vida. “40 años”, dijo el actor al presentar la película. “Cada día desde hace 40 malditos años, al menos uno de vosotros ha venido a decirme… Qué creéis”. “You talkin’ to me? (¿Me estás hablando a mí?)”, bromeó el actor, mientras el público presente gritaba desde la platea al mismo tiempo.

Y ahora intentar no reíros al verlo en la pantalla, dijo De Niro como último aviso. Y ni una risa se oyó cuando Bickle se suelta esas palabras frente al espejo. Porque Taxi Driver, a pesar de ser el recuerdo de un Nueva York que ya no existe, de un Nueva York peligroso y violento, sucio y muy real, sigue helando la sangre.

Era la ciudad que Scorsese conocía y a pesar de todo quería y tenía que captar. “Podías sentir la humedad [de esos veranos] y notar la ira y la violencia que emanaba de las calles”, dijo el cineasta que ansiaba un cambio de su ciudad, aunque ahora casi añore esos sucios setenta viendo ese mundo gentrificado y unificado en el que se ha convertido.

Tras el pase, De Niro volvió al escenario acompañado de Scorsese, Paul Schrader, Cybill Shepherd y Harvey Keitel. Una reunión histórica en la que recordaron anécdotas conocidas del rodaje, pero que siguen siendo fascinantes cuando se oyen directamente de sus protagonistas. Keitel recordó sus prácticas como chulo para convertirse en Sport. Marty contó cómo De Niro se convirtió en taxista un tiempo y que poca gente le reconoció como “ese actor ganador de un Oscar”. Schrader reconoció que una parte de él entonces era Travis Bickle y escribiendo sobre él, se liberó.

Fue un rodaje corto, de mínimo presupuesto para un proyecto tan ambicioso, y aún así el mayor reto fue convencer a Bernard Herrman para que compusiera la banda sonora. “No hago películas sobre taxistas”, contó Scorsese que les dijo el mítico compositor de XXX. Pero luego leyó el guión y no pudo negarse.

“Componía basándose en la música que cada personaje creía que podían escuchar”, siguió el director, que este año estrena su último filme Silence. “Pero en la vida de Travis no había música”, reveló. La banda sonora era el reflejo del deterioro mental de un personaje que jamás podría ser el héroe que muchos quisieron.