Desconvocada la huelga de los trabajadores del Liceo

Los empleados suspenden el paro previsto para el 8 de noviembre tras alcanzar un acuerdo el comité y la dirección

Trabajadores del Liceo cantando el coro 'Va pensiero' de 'Nabucco' como medida de protesta, en octubre.
Trabajadores del Liceo cantando el coro 'Va pensiero' de 'Nabucco' como medida de protesta, en octubre.albert garcia

El Liceo ha evitado finalmente que le estallara una bomba laboral que tenía la espoleta activada desde hace más de un año, justo cuando el teatro, como un enfermo financieramente delicado, empieza a dejar de necesitar respiración asistida. Los trabajadores –poco más de 300– que integran el coro, la orquesta, el cuerpo técnico del escenario y administración habían decidido ir a la huelga desde el próximo 8 de noviembre coincidiendo con el estreno de la segunda ópera de la temporada, un afamado montaje de Benvenuto Cellini, que repetirán en las restantes funciones y en los dos conciertos de Riccardo Mutti. Sin embargo, el paro ha sido desconvocado a primera hora de la tarde, tras firmarse un acuerdo entre los empleados y la dirección.

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Fuentes del comité de empresa y de la dirección del teatro han confirmado que la huelga se ha desconvocado, después de aceptar la propuesta de mediación del Tribunal Laboral de Cataluña (TLC) sobre la "periodificación" hasta el año 2021 del importe equivalente a las pagas extras. El acuerdo se basa en "periodificar en seis años el retorno de las pagas extras de 2013 a 2017, empezando a cobrar los trabajadores a partir del primer trimestre de 2016". Si las administraciones públicas incrementan sus aportaciones durante el próximo año y en 2017 y si los ingresos ordinarios se mantienen según el presupuesto, "el 50% de este incremento irá destinado a pagar los retrasos durante el periodo". La dirección del teatro ha mostrado su satisfacción por el acuerdo alcanzado y ha señalado que ahora retirará la demanda de huelga ilegal que había presentado.

Lo cierto es que el problema de falta de entendimiento entre trabajadores del coliseo y el equipo gestor se ha cronificado y la huelga finalmente desconvocada no habría sido la primera ni la segunda, sino la tercera. Hicieron paros de media hora en julio de 2014 en las representaciones de la ópera Kitesh, la segunda la convocaron el pasado julio, pero fue retirada en el último momento. El nudo gordiano del conflicto es la grave situación financiera que atraviesa el teatro que le abocó, primero, a un ERE temporal de dos meses –se hizo en septiembre de 2013 y se levantó el de julio de 2014- a una regulación de plantilla solapada con despidos puntuales –una treintena desde enero de 2014- y a rebajas salariales. Nada nuevo que no haya pasado en miles de empresas, tanto públicas como privadas, desde el estallido de la crisis.

La particularidad del Liceo es que a la caída de público se sumó un drástico recorte en las subvenciones públicas, que han bajado de 28 millones de la temporada 2009/2010 a los 19 previstos para esta y una deuda financiera de 16 millones contraída, en parte, para pagar nóminas y levantar el telón. Algo así como una tormenta perfecta.

En ese contexto, el Liceo aprobó en enero de 2014 un plan de viabilidad económica –“estábamos al borde de la suspensión de pagos”, reconoce su director general, Roger Guasch- para revertir un cuadro económico pésimo que daba luz verde a recortes salariales generalizados y a una reducción de plantilla para rebajar el capítulo de personal. Y en ese panorama, trabajadores y empresa llegaron a un acuerdo firmado en julio del año pasado en el que se recogían varias medidas para reducir costes, como la reducción de la jornada laboral voluntaria, el incentivo de bajas pactadas y se acordó, también, la suspensión del pago de las pagas extraordinarias de junio desde 2014 –la del 2013 tampoco la habían cobrado- y hasta 2017. También decía aquel convenio que a partir de la temporada 2014-2015 y si se producían incremento de los ingresos del Liceo, se destinaría parte de esos ingresos a la devolución parcial de las pagas adeudadas. Ese es uno de los puntos de fricción que enfrenta ahora a empresa y trabajadores: la dirección afirma que no se ha llegado todavía a esa situación financiera y los trabajadores mantienen lo contrario.

El Liceo cerró la temporada 2012/2013 con 4,3 millones de euros, la siguiente el déficit fue de 3,9 y la pasada se arrancó con un saldo negativo de 272.000 euros. A lo largo del año pasado, las administraciones realizaron unas aportaciones extraordinarias de 11 millones de euros que, según la empresa, fueron destinados íntegramente a enjugar el déficit acumulado: “al ser una fundación no podemos cerrar los ejercicios con resultados negativos”, explica un representante de la dirección. Desde el comité desconfían que eso haya sido así y entienden que esa inyección de dinero podía ayudar a empezar a devolver parte de las tres pagas extras ya adeudadas. “No podemos entender por qué dicen que no pueden pagar las atrasadas y, sin embargo, nos adelantaron media de diciembre para evitar la huelga de julio pasado”, replican desde el comité de empresa. Además, el Liceo tiene que negociar a partir del año próximo la deuda financiera de 16 millones con los bancos que durante dos años han aplicado una carencia.

Hasta ahora, los trabajadores, a través del comité, habían rechazado la oferta que puso sobre la mesa la empresa en septiembre de empezar a pagar las pagas extras comprendidas entre 2013 y 2017 a partir de 2018 y en un plazo de 10 años. Y también se negaban a una segunda propuesta, que rebajaba el fin de los pagos al 2024. Más allá de plazos, los trabajadores desconfiaban de la empresa porque quiere sustituir el concepto de deuda de las pagas extraordinarias por el de plus de compensación “y está claro que los pluses un día se ponen y otro se quitan”.

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