Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

La sonrisa culpable de Paco Cabezas

El director sevillano, que empezó trabajando en un videoclub, presenta ‘Mr. Right’, una comedia negra y su segunda película en Hollywood

El cineasta Paco Cabezas en una imagen de archivo.
El cineasta Paco Cabezas en una imagen de archivo.

Solo cinco películas consiguieron distribución estadounidense durante el pasado festival de Toronto. La cifra es demoledora porque el certamen canadiense es el mercado de otoño, el bazar en el que la industria muestra sus últimos filmes y hace negocio. Y una de esas cinco fue Mr. Right, una producción estadounidense dirigida por Paco Cabezas (Sevilla, 1978), que fue adquirida para Estados Unidos por Focus, distribuidora mediana con filmes siempre interesantes. Mr. Right fue además la encargada de clausurar Toronto, una muestra más del interés que había en una comedia escrita por un cerebro tan brillante como loco, Max Landis, que ya ha dejado atrás la etiqueta de “hijo de John”.

En Sitges, Mr. Right ha apasionado. Comedia negrísimas, sangrienta y repleta de acción, protagonizada por una chica algo naïve, a la búsqueda del amor verdadero (Anna Kendrick), que se cruza en una tienda con un tipo estrafalario, algo payaso y desde luego diferente (Sam Rockwell). Él nunca la miente: se dedica matar, es un asesino sueldo, aunque sus víctimas son –como venganza- la gente que le contrata. Ella se lo toma a broma, hasta que le ve en acción. Pero ya está enamorada y como dice el clásico –homenajeado a mitad de Mr. Right- “nadie es perfecto”.

En Mr. Right hay un director que ha luchado por el tono, que ha batallado por mantener ese algo diferente que desprende el libreto, que ha encontrado un reparto adecuado (junto a la pareja, aparece Tim Roth –a veces con un traje negro en homenaje a Reservoir dogs- como líder de la caza al asesino). “He ganado muchas más peleas de las que gané en Tokarev [la anterior película de Cabezas, protagonizada por Nicolas Cage], te lo aseguro. Lo importante es que el productor y el director quieran hacer la misma película. Si no estalla”. Cuando Cabezas leyó el guion, descubrió dos cosas: no era uno de los doscientos libretos que ha recibido en los dos últimos años con mafiosos mexicanos que secuestran a una estadounidense y su marido la rescata, y que el tono conectaba con él. “Una vez en una reunión en Hollywood, un productor me dijo: ‘Acepta esta película porque así podrás comprarte un ferrari’. Ya, pero yo no sé conducir, me muevo por Los Ángeles en patinete –algo que se ha convertido casi en mi marca para que me recuerden en los estudios- y solo quiero hacer buenos trabajos. Yo no digo que este sea un buen filme, pero al menos arriesgan, intentan algo diferente”.

El punto cómico de Mr. Right nace de la manera de comportarse de su protagonista, que se toma en su gran profesionalidad todo a broma, y que incluso se mueve en plena acción como si bailara, algo que Rockwell sacó de ver videos de Muhammad Ali y de James Brown. “Quiero hacer cosas que no se hayan hecho antes, porque vengo de un barrio de Sevilla y tengo mucho respeto a la gente que paga por ver mis películas. Aquí, es una comedia romántica a la que se le da vuelta. Y puedes fracasar, pero debes de luchar. Bueno, el cine es negociación”. Cabezas ha cambiado de género en cada trabajo, como demuestran Aparecidos, Carne de neón, Tokarev y Mr. Right. En Sitges, el sevillano, que empezó en el cine como Quentin Tarantino, trabajando en un videoclub, habla maravillas de su reparto, de cómo supieron levantar los diálogos. A priori, Rockwell y Kendrick –actualmente una estrella en EE UU gracias a las dos Dando la nota- parecen una extraña pareja. En pantalla estallan, sus frases desmontan la acción y la violencia que les rodea, logrando que el público disfrute.

Ahora Cabezas está concentrado en su siguiente trabajo, la tercera temporada de la serie Penny Dreadful –“que filmaremos entre Dublín y Almería, lo que abrirá y dará una luz distinta a su atmósfera opresiva”-, mientras mueve su siguiente proyecto, Hombre sin miedo, en el que ha embarcado a Sam Rockwell. “El cine es años y años. Hacer una película es un milagro y creo que los directores no lo subrayamos lo suficiente”. Y apostilla: “A veces ves películas de directores solventes y te defraudan. Mira, estás rodando, tienes los ingredientes adecuados y pasan cosas. A veces ocurre la magia y otras no. Y tú lo único que puedes hacer es colocar tu cámara e intentar robar esa magia”.