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El evangelio minimalista y el control del azar, según Sol LeWitt

La Fundación Botín en Santander acoge una muestra del padre del movimiento

Una perspectiva de la obra 'Wall Drawing 386', de la exposición de Sol LeWitt en la Fundación Botín de Santander.
Una perspectiva de la obra 'Wall Drawing 386', de la exposición de Sol LeWitt en la Fundación Botín de Santander.

Apenas unos días antes de fallecer Sol LeWitt (1928-2007) “realizó” Wall Drawing 821A. “Cuadrado blanco dividido horizontal y verticalmente en cuatro partes cada una con una dirección diferente, de bandas mates y brillantes alternas”, son las instrucciones de la pieza que saludará y despedirá hasta el 10 de enero al visitante de la exposición en la Fundación Botín en Santander.

Esta obra ocupa el muro que flanquea el acceso a la sala. Es el principio y el final de un recorrido en el que, a través de 17 murales, se construye un nuevo retrato del universo creativo del padre del arte conceptual y minimalista. “Es la última revisión que Lewitt hizo de sus ideas”, explicaba el miércoles Benjamin Weil, director artístico del Centro Botín y comisario, junto a John Hogan, de la exposición.

El nuevo acercamiento no sigue un orden cronológico: los comisarios han tratado de trazar su propuesta a través de ideas y conceptos claves en el trabajo de LeWitt. Repartida en dos plantas con un atrio central, Sol LeWitt 17 Wall Drawings 1970-2015 permite establecer conexiones horizontales y verticales entre los murales, y se expande incluso en la pared de la escalera, donde Wall Drawing 51 conecta todos los puntos de la pared (barandilla, esquina, enchufe, etc.) por medio de líneas trazadas con tiza.

La exposición se completa con la pieza de la Fundación Botín Wall Drawing 499 pirámide truncada con aguadas de tinta de color superpuestas (1986), instalada en el salón de actos de la Fundación, y con una selección de libros de Lewitt del Archivo Lafuente.

Una mujer contempla la exposición de Sol LeWitt en la Fundación Botín de Santander. ampliar foto
Una mujer contempla la exposición de Sol LeWitt en la Fundación Botín de Santander.

Democrática, efímera y duradera a un mismo tiempo, la propuesta que LeWitt destiló a fines de los sesenta partió de una reacción contra la visceralidad del expresionismo abstracto que había dominado la escena artística neoyorquina. La radicalidad de LeWitt ponía en tela de juicio la figura del autor: rebatía que una obra de arte debiera ser realizada por el artista. LeWitt asume el papel de compositor o dramaturgo —y de director de orquesta mientras viviera—. “Los juicios racionales repiten juicios racionales. Los juicios irracionales conducen a nuevas experiencias”, proclamó en su manifestó de 1969 Frases sobre el arte conceptual.

Permutaciones

Las permutaciones en torno a la definición del espacio con colores que tienen una dirección marcada (gris horizontal, amarillo vertical, rojo y azul diagonal) construyen, esta vez en Santander, con los materiales y medidas indicadas por LeWitt un mundo contenido y libre al mismo tiempo. A veces, las instrucciones entran en los murales, o se ve el resultado de la dirección nómada del libre albedrío: una misma línea es repetida por distintas manos, en una emulación plástica del teléfono estropeado. Y de pronto lo sinuoso pasa a ser reglado, como en el mural dedicado a Eva Hesser en el que las finas líneas de lápiz que cubren una pared, escribe LeWitt, nunca deben ser rectas.

Si el escritor Julio Cortázar en su Historia de Cronopios y de Famas en 1962 ofrecía instrucciones para subir una escalera o llorar, su contemporáneo LeWitt ha dejado más de 1.200 murales por escrito, instrucciones pensadas para ser reinterpretadas como una partitura en las paredes. Esos escritos son las obras que se encuentran en galerías, museos y colecciones privadas y que son prestadas en las exposiciones, —en el caso de la muestra de Santander hay cerca de una decena de préstamos, además de las piezas procedentes de la colección del propio artista, cuya esposa, Carol, visitó la instalación.

Instrucciones

En las “instrucciones” de LeWitt hay espacio para las fugas, para que el grupo de artistas que las plasme y se enfrente a esos textos entable un debate. Por ejemplo, Wall Drawing 118 indica que debe haber 50 puntos aleatorios conectados todos ellos por líneas rectas. ¿Cómo definir lo aleatorio en un espacio concreto? “Cada vez que esta pieza se ha hecho los artistas deben decidir cómo señalar aleatoriamente esos puntos”, explicaba el también comisario John Hogan, director de instalaciones y archivista de Wall Drawings en la Universidad de Yale, que trabajó bajo la batuta de Lewitt. “Conocí a Sol en Chicago y cuando me trasladé a Nueva York vivíamos en el Lower East Side. Le veía con frecuencia para comer, él odiaba comer solo y un día me propuso que le ayudara”, recordaba Hogan.

En la muestra de Santander han participado 19 artistas, cuatro de ellos del Sol Lewitt Estate y 15 seleccionados entre los 400 postulantes a la convocatoria de la Fundación Botín. Todos han trabajado bajo la supervisión del Hogan. “El carácter de cada uno es importante, hay piezas que exigen mucha minuciosidad, que se vuelven meditativas para quien las realiza como Wall Drawing 7A con finas líneas rectas que no se tocan”, apuntaba. De modo que como un evangelio o una especie de esperanto para artistas, el código de Lewitt sigue expandiéndose, reinterpretándose y repitiendo su frescura a través de nuevas manos que lo reencarnan.