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OPINIÓN

Las texturas de Chaikovski

El compositor ruso convirtió en 1877 sus sinfonías en obras dramáticas, como se vio en la tercera edición de ¡Solo música! del Centro Nacional de Difusión Musical

Juanjo Mena dirige a la Joven Orquesta Nacional de España en el Auditorio Nacional.
Juanjo Mena dirige a la Joven Orquesta Nacional de España en el Auditorio Nacional.

En una entrevista publicada un año antes de su muerte, Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893) evitó decantarse por el género sinfónico o el operístico. Y lo hizo utilizando una famosa cita de Voltaire: “Todos los géneros son buenos, a excepción del género aburrido”. Obviamente, hoy nadie dudaría en inclinar la balanza hacia sus sinfonías, aunque la verdadera pasión del compositor ruso fuera la ópera.

De hecho, ahí reside la clave de su ciclo de seis sinfonías que pudimos escuchar el pasado sábado dentro de la tercera edición de ¡Solo música!, con el que el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) celebró la Fiesta de la Música: el compositor ruso terminó por convertir en 1877 sus sinfonías en obras dramáticas, aunque sin necesidad de voces y escenografía. Ese mismo año completaría su operística Cuarta sinfonía, tras haber consolidado su maestría como compositor de poemas sinfónicos con Francesca da Rimini. O también comenzaría su tragedia personal, que narra insistentemente en los programas de sus tres últimas sinfonías, tras casarse con una antigua alumna para acallar los crecientes rumores acerca de su homosexualidad.

Ese desequilibrio en Chaikovski entre las tres primeras sinfonías —más iniciáticas, rusas y experimentales— y las tres últimas —más personales, operísticas y cercanas al público—, se compensó aquí perfectamente. Cada una de las tres orquestas contó con una sinfonía de cada bloque en la primera y segunda parte de sus actuaciones: la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) tocó Primera y Cuarta; la Orquesta Nacional de España (ONE), Segunda y Quinta y la Orquesta Sinfónica de Radiotelevisión Española (ORTVE), Tercera y Sexta. No obstante, el verdadero protagonista de este nuevo maratón musical del CNDM, tras el anterior de 2013 centrado en Beethoven, fue Juanjo Mena (Vitoria, 1965). Este director, que actualmente es titular de la Filarmónica de la BBC y uno de los músicos españoles más reconocidos internacionalmente, supo sacar lo mejor de cada una de las tres orquestas.

Mena optó por un Chaikovski a medio camino entre la intensidad rusa y la expresividad centroeuropea

Mena optó por un Chaikovski a medio camino entre la intensidad rusa y la expresividad centroeuropea. Apoyó su interpretación en un enorme control del ritmo, del tempo y de las texturas, algo en lo que recuerda a su maestro, el gran Sergiu Celibidache. Del director rumano ha hecho suyos otros recursos habituales a su misma edad, como la expresiva gesticulación facial, sus espectaculares corpografías en el podio o la técnica de batuta sin mango. Entre todas las interpretaciones, destacó la Quinta, donde Mena puso al límite a una ONE en buena forma, pero sin olvidar las contradicciones que incluye la obra, que explica Luis Suñén en sus excelentes notas al programa.

Siguió en calidad una musculosa y energética Cuarta con una JONDE perfectamente gestionada por el director vitoriano. La ORTVE brindó el concierto más regular con una interesante e imaginativa Tercera y una Sexta irreprochable. Y quizá lo menos interesante fue la Primera de la JONDE, demasiado controlada y cuidadosa, y la Segunda de la ONE, que no pasó de la mera lectura competente de la partitura.

Pero hubo mucha más música de Chaikovski en esta inmersión en el compositor ruso ideada por la gestión siempre creativa de Antonio Moral, director del CNDM: música concertante acompañada al piano, música de cámara, improvisaciones jazzísticas sobre sus melodías o la Banda Sinfónica de Madrid interpretando en la calle la popular Obertura 1812.

La música prácticamente no dejó de sonar en casi 14 horas en las que el público abarrotó la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, su Salón de Tapices o la Plaza de Rodolfo y Ernesto Halffter. Y todo terminó con unos espectaculares fuegos artificiales acompañados por música grabada de Händel. Podría parecer una excentricidad si no supiéramos que Chaikovski conoció y admiró profundamente la obra del compositor barroco desde su primera visita a Londres en el verano de 1861.

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