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Rodrigo García, obligado a ‘cercenar’ su obra en el Teatro Valle Inclán

La Comunidad de Madrid avisó al director de que varias asociaciones de defensa de los animales habían denunciado algunas escenas por el maltrato a hámsteres y ranas

Imagen de la escena que ha sido censurada en la obra 'Arrojad mis cenizas sobre Micky' dirigida por Rodrigo Garcia
Imagen de la escena que ha sido censurada en la obra 'Arrojad mis cenizas sobre Micky' dirigida por Rodrigo García, representada en el Teatro María Guerrero.

Un estreno de Rodrigo García, el director hispano argentino, no suele estar exento de polémica. En Arrojad mis cenizas sobre Mickey, la obra que se representó ayer en el Teatro Valle Inclán fue mutilada en dos escenas en las que aparecían animales. En un caso cuatro ratones nadando en una pecera como alegoría de la ayuda y de la supervivencia y en el otro de cuatro ranas saltando sobre un viscoso barro blanco. La obra se representa hasta el 14 de junio.

La eliminación de estas dos escenas se debe a que el Área de Protección de Animal de la Comunidad de Madrid mandó al Centro Dramático Nacional un texto en el que se recogían denuncias de varias asociaciones protectoras de animales en las consideraban ambas escenas maltrato animal por lo que de continuar con las mismas podrían imponerse multas desde 600 hasta 100.000 euros, según consta en el escrito. "Recibimos muchas denuncias con respecto al posible maltrato de animales. Nos pusimos en contacto con los responsables de la obra y advertimos de las posibles sanciones que se les podrían imponer. Y nos lo pidieron por escrito", señalan desde el Área de Protección Animal.

El director de teatro Rodrigo García.
El director de teatro Rodrigo García.

Ante el escrito, el Centro Dramático Nacional y el creador de la obra optaron por cercenar las escenas en las que aparecían animales debido a que "el CDN no puede asumir unas sanciones de las cuantías indicadas", según explicó un portavoz del citado centro.

Hace un mes en París, Rodrigo García se enfrentó a una nueva polémica en Francia, donde el estreno de su espectáculo Accidens desencadenó protestas que exigían la prohibición de la obra. La pieza teatral, que se representaba en La Ménagerie de Verre de París, el protagonista sacrifica a un bogavante colgándolo de un cable, antes de partirlo en dos, cocinarlo a la plancha y comérselo acompañado de una botella de vino blanco. Pese a las críticas recibidas por algunos sectores su trabajo es respetado en el mundo de las artes escénicas.Desde enero de 2013 dirige el Centro Dramático Nacional del Languedoc Roussillon. García es también  autor de 'Aftersun' y 'Gólgota Picnic', obras que exhibió en el CDN.

En la página web del director hay una carta de respuesta a todos aquellos que crítican sus obras, sobre todo sin haberlas visto. "Con relación a los hámsteres en mi pieza Mickey  sí, es verdad, hay 4 hámsteres que nadan en un acuario. El actor los coloca en el agua y deja que cada uno nade no más de 10 segundos y los retira del agua dejándolos a la vista del público, que comprueba como los hámsteres están exactamente igual que antes solo que mojados, como cuando llueve y se mojan, como cuando van por las alcantarillas de la ciudad y deben nadar si los arrastra el agua".

Y con respecto al tema del bogavante de su performance 'Accidens' dice: "El actor mata y cocina al bogavante tal y como se lo enseñó el chef del restaurante La Rula de la localidad de Lastres en Asturias, España. Y luego lo cocina a la plancha y se lo come. Quiero decir que si en el mundo mueren en las mesas de restaurantes (y en casas también, yo por ejemplo los cocino y como en casa, que es la mitad de caro) vamos a suponer unos cien mil bogavantes por día, resulta que el único que lo hace para una causa poética es el nuestro (porque se pescan para comer, no los tiene la gente como animales de compañía en casa). Recordad que mi performance ACCIDENS lleva un subtítulo: matar para comer. A vosotros, los animales os llegan ya muertos y hasta cocinados a la mesa. Escucháis del disco de la vida solo la cara A. Sois rematadamente tontos".

El crítico de teatro Marcos Ordóñez dice del dramaturgo: "Me gusta Rodrigo García cuando me da brío y fluidez. Antes había una cáscara, un ruido de lavadora a toda máquina que se interponía entre su palabra y mi percepción. Puede que fuera cosa mía. O no. Ahora pienso que cada día escribe mejor, con más claridad y más misterio. Anoto y subrayo a cada paso, espigo y mezclo frases".

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