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CRÍTICA | EL CAMINO MÁS LARGO PARA VOLVER A CASA

Un temblor a la deriva

La cámara del debutante Sergi Pérez sigue la errática y desesperada trayectoria de su protagonista

Un fotograma de 'El camino más largo para volver a casa'.
Un fotograma de 'El camino más largo para volver a casa'.

Hay realidades tremendamente difíciles de capturar por una cámara, porque pertenecen al terreno de lo inefable. Por ejemplo, el temblor interno de un personaje que empieza a sentir el desbordamiento de una oscuridad interior, de una sombra que ya no puede ser contenida bajo la piel y empieza a transpirar por cada uno de sus poros. Logró mostrarlo de manera modélica Manuel Martín Cuenca en La mitad de Óscar (2010), en la inquietante escena del taxi, presidida por la voz de un gran Antonio de la Torre, pero sostenida sobre el mudo temblor de un silencioso y casi inexpresivo Rodrigo Sáenz de Heredia. También lo hizo, de manera muy distinta, Lodge Kerrigan en Keane (2004), película que confiaba toda su respiración al desamparo radical de su protagonista, encarnado con desarmante visceralidad por Damian Lewis.

El camino más largo para volver a casa

Dirección: Sergi Pérez.

Intérpretes: Borja Espinosa, Miki Esparbé, Sara Espígul, Silvia Esquivel, Maria Ribera, Pol López, Mireia Gubianas.

Género: drama.

España, 2014.

Duración: 80 minutos.

En El camino más largo para volver a casa, la cámara del debutante Sergi Pérez sigue, tras un despertar en el que se diría que la losa ha sustituido a la sábana, la errática y desesperada trayectoria de su protagonista –un Borja Espinosa que está de Goya al actor revelación para arriba- después de encontrar al perro de su pareja agonizando en el baño. Con un título que es tan literal como simbólico, la película ofrece una perturbadora invitación a seguir casi en tiempo real una lacerante, autodestructiva gestión del duelo.

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