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Manchas de vida y muerte

Thomas Lilti utiliza la urgencia para narrar los desastres de ciertas decisiones administrativas

Hipócrates pulsa en la foto
Fotograma de 'Hipócrates'.

Las series de televisión ambientadas en hospitales, tan habituales en todo el mundo tras el éxito de Urgencias, han acabado otorgando una (falsa) sensación de ya vistas a películas como Hipócrates, interesante acercamiento a la condición laboral de la medicina, a sus dimensiones científica, ética y social, protagonizada por dos médicos residentes, uno casi recién salido de la facultad, el otro con experiencia pero de un país, digamos, marginal, como es Argelia. Una sensación del todo injusta porque, más que a esas melodramáticas series nacidas al amparo de Urgencias, adonde hay que dirigir la mirada en el caso de los referentes más cercanos de esta película es a la sensacional Anatomía de un hospital, aunque sin su humor negro, aquella inclemente radiografía de las condiciones laborales del sector en Estados Unidos, escrita por Paddy Chayefsky y dirigida por Arthur Hiller en 1971.

Hipócrates

Dirección: Thomas Lilti.

Intérpretes: Vincent Lacoste, Reda Kateb, Jacques Gamblin, Marianne Dennicourt.

Género: drama. Francia, 2014.

Duración: 102 minutos.

"Está lavada, son manchas limpias", dicen al joven médico en el departamento de material cuando le dan su primera bata de médico y esta anda lejos de lo impoluto.

No es una frase intrascendente. Estamos ante la auténtica metáfora de todo lo que va a ocurrir después, donde las manchas, morales y laborales, ejercerán de hilo conductor de una película donde Thomas Lilti, su director y coguionista, utiliza la urgencia de los hermanos Dardenne en la puesta en escena, cámara en el cogote por los interminables laberintos emocionales del hospital, para narrar con convicción los desastres de ciertas decisiones administrativas en algo esencial: nuestras vidas.