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OBITUARIO

Ruth Rendell, escritora británica que buceó en la mente criminal

Sus obras, protagonizadas por el inspector Wexford, fueron llevadas al cine por Pedro Almodóvar o Claude Chabrol, entre otros

La escritora Ruth Rendell, en una imagen de 2005.
La escritora Ruth Rendell, en una imagen de 2005. reuters

Ruth Rendell, prolífica autora de novela negra, ha fallecido hoy [sábado 2 de mayo] en Londres, a los 85 años; había sufrido una apoplejía a principios de año. De verdadero nombre Ruth Barbara Grasemann, dividió su producción entre los libros que firmaba con su nombre de casada, Ruth Rendell, novelas policiacas que muchas veces protagonizaba el inspector Reginald Wexford, y su producción más oscura, donde exploraba la psicología criminal, que se comercializó a partir de 1986 bajo el seudónimo de Barbara Vine. Siguió en activo hasta el pasado año, cuando presentó a un nuevo detective, Colin Quell, en The girl next door ; hace pocas semanas, publicaba su novela nº 66, Dark corners.

Inevitablemente comparada con su coetánea y amiga, la gran P. D. James, eran la noche y el día. Mientras James mantenía con firmeza posiciones conservadoras, Rendell se identificaba con el Partido Laborista, al que aportaba fondos con generosidad. Sí coincidieron en 2014 como firmantes de una carta a The Guardian, donde manifestaban su oposición a la independencia de Escocia.

También les unía su minuciosidad a la hora de construir argumentos y personajes. Eclipsada en los últimos tiempos por la producción escandinava, la novela policial británica mantiene las virtudes de la verosimilitud y la fina descripción de la estratificación social.

Mientras que, en sus peores momentos, P. D. James podía acercarse a los little englanders, Rendell estaba más abierta a Europa. De madre sueca, Ruth sabía que había vida al otro lado del Canal. De hecho, sus novelas tuvieron versiones cinematográficas en el Continente, a cargo de Claude Chabrol (La ceremonia, La dama de honor), Claude Miller (Alias Betty) o Pedro Almodóvar (Carne trémula).

Como James, Rendell necesitó aprender a ganarse la vida desde pequeña. No ocultaba los patinazos de su época de periodista, cuando se inventó un fantasma en una casa abandonada (y los propietarios amenazaron con demandar al periódico) o la crónica de un rutinario acto social al que no acudió (con la mala suerte de que el invitado principal murió en medio de su parlamento).

Ya casada con Don Rendell, también periodista, su matrimonio pasó por varias crisis. Se divorciaron pero volvieron a casarse dos años después; interrogada al respecto, le sugirió al entrevistador que escuchara “más canciones country, allí ocurren cosas aún más raras”. De alguna manera, tales turbulencias hicieron más creíble la vida familiar de su principal personaje, el detective Wexford, que estaba casado con dos hijas; también supo redondear la figura de su ayudante, Mike Burden.

Una vez que estableció a Wexford, que llegaría a la televisión como protagonista de The Ruth Rendell mysteries, ella subió la apuesta. Frente al confortable mecanismo de los police procedurals, Rendell invitaba a conocer las mentes de asesinos o violadores y el contexto social en que se producía el delito.

Esa era una experiencia que no siempre agradaba a sus lectores más convencionales. Rendell lo resolvió publicando bajo el nom de plume de Barbara Vine. La identidad de la autora no fue un secreto pero el gesto ayudó a que conquistara un nuevo público. Retrató la ascensión social de las mujeres y la resistencia de hombres que recurrían a la violencia. A pesar de que fue nombrada baronesa por Isabel II en 1997, no dejó de criticar con dureza la creciente distancia entre los ciudadanos y los políticos y funcionarios que decidían en su nombre.