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OBITUARIO

Richard Anthony, el rock amable francés

Referente de la 'generación yeyé', su versión pop del ‘Concierto de Aranjuez’ fue un gran éxito internacional

Richard Anthony, en 1967.
Richard Anthony, en 1967.

En 1959 Richard Anthony (El Cairo, 1938) conseguía uno de sus primeros éxitos con la canción Nouvelle vague, una melodía a ritmo de un rock acaramelado que se adelantaba a los nuevos vientos juveniles que esperaban a la vuelta de la esquina a la Francia de la V República. De origen angloturco, Richard Btesh Anthony tomará el apellido materno para su carrera musical. Una infancia nómada: Argentina, Inglaterra, Francia; una educación en los mejores centros y una fallida carrera como estudiante de Derecho que cambiará finalmente por la música y el saxofón en los clubs de jazz parisienses.

Richard Anthony se sitúa en la primera fila de los cultivadores del rock and roll en versión autóctona —se reivindicará como el primer cantante francés en hacer versiones de los éxitos americanos— que desembarca en Francia al inicio de la década de los sesenta. La generación rock and roll mudará en la legión ye-yé y los nuevos ídolos juveniles encabezados por Johnny Hallyday y Sylvie Vartan. Richard Anthony es uno de los elegidos para participar en el histórico concierto organizado por la revista Salut les Copains que reúne a más de 200.000 jóvenes en el centro de Paris y que el sociólogo Edgar Morin bautiza como “Le temps des yeyés” en un artículo en Le Monde. Su estilo suave y edulcorado, más cerca de Pat Boone que de Gene Vincent, le proporcionará el sobrenombre del Tino Rossi del rock and roll y algún que otro encontronazo con los grupos juveniles, los llamados Blouson Noirs, que asisten a los multitudinarios conciertos. En uno de ellos celebrado en el Palais des Sports de París resulta herido a causa de un botellazo lanzado por el público.

Aunque ni por estilo ni por su carisma Richard Anthony puede competir con el otro gran ídolo juvenil, Johnny Hallyday, sus canciones encontrarán el favor del público alcanzado los primeros puestos en los llamados hit-parades que empiezan a proliferar en las revistas. En 1962 su versión de la canción 500 miles, una melancólica balada folk que habían popularizado, entre otros, The Journeymen y Peter Paul and Mary, se convierte en uno de sus grandes éxitos. J'entends siffler le train, título de la versión francesa, acompañará la despedida de muchos jóvenes que parten hacia la guerra de Argelia.

Como otros intérpretes juveniles, Richard Anthony evolucionará hacia un repertorio y un público adulto. El golpe de suerte le llega en 1968 con la adaptación del Concierto de Aranjuez de Joaquin Rodrigo convertida en una balada pop, Aranjuez mon amour. Aunque su “osadía” musical le vale todo tipo de críticas, la canción se convierte en un éxito internacional que vende millones de discos y relanza su carrera como baladista. Al igual que su compañero Michel Polnareff, Anthony también tendrá sus problemas con la Hacienda francesa, que le conducen unos días a la cárcel. Tampoco podrá evitar ser noticia en las páginas de las revistas del corazón por sus aventuras y problemas sentimentales, divorcios, hijos naturales, demandas judiciales, todo ello en una vida donde no faltarán los lujos y los excesos.

A finales de los años noventa la reedición de sus antiguos éxitos le devuelve a la actualidad junto a la publicación de sus memorias (Il faut croire aux etoiles, Michel Lafon). Junto con otros artistas de los años sesenta realiza diferentes tournées con el espectáculo nostálgico Age tendre et Têtes de bois y todavía tendrá tiempo de regresar al escenario de la Sala Olympia en 2012. La noche del domingo 19 de abril moría a causa de un cáncer en su casa de Pégomas, en el sur de Francia.