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Los chinos de Paco

"Pasó una semana y seguí sin noticias de él, la curiosidad me podía. ¡¿Quiénes eran estos chinos?!"

Paco de Lucía en el Palacio de Congresos de Madrid en 1998. Ampliar foto
Paco de Lucía en el Palacio de Congresos de Madrid en 1998.

Una vez Javier Pouso, un amigo de la compañía Universal, me llamó y me contó entusiasmado que el maestro Claus estaba pensando en trabajar con el genial Paco de Lucía. A mi me pareció una buena idea, algo original y de gran calidad. Así que quedamos en que hablaría con el jefe para ver si le apetecía.

En aquel tiempo Paco vivía en una casa de Toledo del siglo VIII rehabilitada. Le llamé y le conté la historia pero casi no me dejó hablar: "Javi no te puedo atender ahora porque estoy con el tema de los chinos que es muy delicado". Me quedé cortado y pensando de qué chinos hablaba.

Al día siguiente lo volví a intentar y me volvió a cortar: "Javi no seas pesado. Ahora no puedo hablar y menos de trabajo. Estoy con los chinos que son mi prioridad"

Javi no seas pesado. Ahora no puedo hablar y menos de trabajo. Estoy con los chinos que son mi prioridad

Después de dos intentos no me atreví a un tercero, así que llamé a la compañía y les dije que Paco de Lucía no tenía tiempo para este trabajo porque estaba con unos chinos muy importantes. En Universal no sabían qué hacer. Creo que a través del departamento internacional intentaron llamar a China para averigüar que tipo de colaboración estaba preparando el maestro.

Pasó una semana y yo seguí sin noticias del de Algeciras así que cogí mi coche y me fui a Toledo, la curiosidad me podía. ¡¿Quienes eran estos chinos?! Al llegar la puerta de la calle estaba abierta, la empujé un poco y vi a Paco sentado en el suelo del hall de entrada con un chándal rojo con rallas blancas y las manos llenas de cemento o arena. Al lado tenía un cubo lleno de piedras redondas (o como dicen en Andalucía "chinos" de río) ordenadas por tamaños y colores. Me explicó que para colocar los chinos en el suelo había que tener mucho cuidado porque los tamaños y los colores deben conservar una estética y que no cualquiera puede hacerlo bien, por eso era él mismo, y no un albañil, quien colocaba una a una las piedras en el suelo...

Por supuesto me inventé una excusa absurda para no tener que contar la verdad a los de Universal. Al final, como es lógico, no se hizo el disco con el arreglista americano, pero la entrada de esa casa tiene un suelo de chinos precioso.

Los grandes son grandes para todo.

"Voy buscando una a una las estrellas de los cielos entre rojas y amarillas".