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OBITUARIO

Rafael de Cózar, poeta y estudioso de la vanguardia

Pintor, profesor, narrador, sus versos fueron gritos

Rafael de Cózar, en septiembre de 2004.
Rafael de Cózar, en septiembre de 2004. EFE

Hay poetas que sacrifican la difusión de su propia obra al estudio del trabajo ajeno. Ese fue en parte el caso de Rafael de Cózar, nacido en Tetuán (Marruecos) en 1951 y fallecido en la medianoche del viernes pasado en su casa de Bormujos (Sevilla), asfixiado por el humo de un incendio atribuido a la explosión de una estufa. Catedrático de Literatura en la Universidad de Sevilla, De Cózar era toda una autoridad para los aficionados a la poesía desde que en 1977 preparó para la canónica colección Letras Hispánicas, de la editorial Cátedra, la antología Metanoia, consagrada a otro poeta libérrimo, el gaditano Carlos Edmundo de Ory.

En Cádiz había fundado el grupo Marejada, junto a autores como José Ramón Ripoll o Jesús Fernández Palacios, y allí vivió hasta que se instaló en Sevilla en 1972. Pintor antes que poeta, De Cózar fusionó la palabra y la imagen en sus trabajos de poesía visual aunque, una vez más, tuvo menos presencia como creador que como estudioso de la experimentación barroca, la vanguardia del siglo XX o el postismo español de la posguerra, en el que brilló, inclasificable, Ory.

A ese perfil bajo contribuyó el largo silencio poético que siguió a títulos suyos como Entre Chinatown y River Side: los ángeles guardianes (1987) y Ojos de uva (1988). Tuvieron que pasar tres décadas para que, en 2011, rescatara Los huecos de la memoria, escrito entre 1977 y 1980. “Mejor no lo puedo hacer”, dijo cuando dio por fin a las prensas un libro corregido una y otra vez y dedicado a los amores perdidos.

Cuando la editorial Renacimiento publicó su antología general de la poesía andaluza contemporánea de 1975 a 2002 —Los cuarenta principales, se titulaba—, Enrique Baltanás, el antólogo, escribió sobre Rafael de Cózar que era “quizás uno de los escasos defensores actuales de la vanguardia histórica”. Tal vez fuera mucho decir, pero el caso es que dedicó a esa defensa tantas energías como a sus propios poemas, que tuvieron además que competir con su labor como novelista.

Pintor, profesor, narrador, De Cózar fue alguien cuyos versos, según el también profesor Manuel Ramos Ortega, no son “canto, sino grito”. No busquemos, avisaba, ni preciosismos ni esdrújulas: “Rafael de Cózar tiene prisa por vivir y vive con sus poemas, no para sus poemas”. Y donde dice sus poemas vale decir los de aquellos que dio a leer a varias generaciones con tanta pasión como si fueran suyos.