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ANÁLISIS

Afrodisiaca

'El secreto', de Teatro en el Aire, con dirección de Lidia Rodríguez.
'El secreto', de Teatro en el Aire, con dirección de Lidia Rodríguez. EL PAÍS

El teatro proviene de la fiesta y del ritual, y a su ser festivo lo devuelve la compañía Teatro en el Aire con una serie de happenings en los cuales cada espectador es feliz coprotagonista: de un encuentro comunal femenino en un baño turco (La piel del agua), de una cena en la noche de difuntos (Bailando tus huesos) o de la celebración del aniversario conyugal de Santiago y Belinda, pareja enamoradísima que será nuestra anfitriona en El secreto.

El secreto

Un espectáculo de Teatro en el Aire. Intérpretes: Mercedes Salvadores, Rodrigo Villagrán, Rocío Herrera y Lidia Rodríguez. Música: Aleksandar Tsvetanov, Miroslau Boriesov y Mijail Mijailov. Vestuario y espacio escénico: La Negra. Dirección y dramaturgia: Lidia Rodríguez Correa. Madrid, Nave 73: 11, 17 y 18 de diciembre, y todos los miércoles y jueves del 7 al 29 de enero.

Más que un teatro, a los espectáculos de esta compañía, comandada por la chilena Lidia Rodríguez Correa, les convendría un escenario como el Molino de la Galette o la orilla del río donde Renoir retrató El desayuno de los remeros, porque todos ellos están impregnados de esa alegría campestre, un punto irreal y melancólica. A la matriz de El secreto, se accede a través de un suave cuello de útero, línea divisoria entre ambos lados del espejo. De lo que allí dentro acontece, poco puede contarse sin destriparlo: una pareja riñe cariñosamente, baila, se besa un poco y detrás de un abanico se besa más, mientras un trío búlgaro interpreta melodías de otrora; ella relata su primera experiencia sexual, con una criatura que se deslizó entre sus piernas en las aguas poco profundas de un lago; una mujer cocina; otra, anima a dos espectadores a iniciar una carrera de equilibrios, cuchara en boca…

Durante esta función, huele a canela y a lavanda y se respira un ambiente que tiene no poco que ver (salvando los medios materiales, aquí mucho más modestos) con el de La Baraque, cantina musical itinerante de Igor Dromesko y compañía: ambas datan de hará una docena de años (pero no hay emulación ni copia entre ellas, sino ósmosis) y ambas comparten ganas de celebrar con el público un diario encuentro de tú a tú. Si le incomoda que los actores le susurren al oído, le toquen o le saquen a bailar, El secreto no es para usted, porque de todo eso hay un poco. Llegado el fin del espectáculo, pensé: ‘Lástima que no haya durado más allá de 55 minutos’, hasta que, reloj en mano, me di cuenta de que mi reloj biológico, tan exacto habitualmente, andaba muy perjudicado por la deriva festiva a la que se había abandonado durante la última hora y tres cuartos.