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Paco Roca expone sus secretos

La Fundación Telefónica se abre al cómic con una muestra sobre el proceso creativo del autor de 'Arrugas’

El dibujante Paco Roca, en la exposición sobre su obra en Madrid.
El dibujante Paco Roca, en la exposición sobre su obra en Madrid.

Paco Roca (Valencia, 1969) tiene una relación tan estrecha con sus dibujos que algunas criaturas circulan de un mundo a otro como si cruzar la frontera entre lo real y lo imaginario fuese un viaje de metro. El protagonista que le convirtió en un autor de éxito fue un anciano de carne y hueso llamado Emilio, que le hablaba de libros y música antes de enfermar de alzhéimer y que encarnaba a la perfección el mayor que al ilustrador le gustaría ser. Puede que Emilio muriese en la realidad sin saber quién era, pero todos los lectores de Arrugas, el cómic que le inspiró y dio el Premio Nacional a Paco Roca, saben perfectamente quién fue. Así que no deja de tener un poso romántico que MacDiego, el hombre que ha comisariado la gran exposición sobre el dibujante sea el hijo del protagonista de la novela gráfica. “Conozco a Paco desde hace 30 años. El día que apareció por mi casa con el guion de Arrugas se me puso la piel de gallina”, revivía ayer en la Fundación Telefónica, donde permanecerá hasta el próximo 15 de febrero (desde hoy) la muestra Paco Roca. Dibujante ambulante, un recorrido por su proceso creativo, que incluye materiales inéditos, bocetos, cuadernos de viaje e ilustraciones. Es obvio cuál es la novela gráfica que más emociona al comisario, pero una vez salvado el terreno afectivo tiene un juicio muy rotundo sobre las creaciones de su amigo: “Los surcos del azares una obra maestra que dentro de décadas se estudiará como tal”.

La exhibición es la primera que la Fundación Telefónica dedica a un dibujante, que coincide además en Madrid con las de Francisco Ibáñez (Círculo de Bellas Artes) y Dibujar Las Meninas de Juanjo Olivares y Santiago García (Museo Abc). Otro síntoma de que algo se mueve en el mundo cultural en su relación con el tebeo, relegado como arte menor incluso en tiempos de éxito. Pero Roca, que ya rompió algunas barreras antes —con Arrugas vendió 60.000 ejemplares—, vuelve ahora a quebrar tabúes con la producción de exposiciones sobre sus trabajos, que comienzan a ser demandadas incluso fuera de España. En unas semanas, además, se abrirá otra muestra en Zaragoza centrada en el mundo creativo de los republicanos exiliados que combatieron en la Segunda Guerra Mundial y que pueblan Los surcos del azar.

La de Madrid no es una retrospectiva —antes se presentó en el Museo Valencià de la Il.lustració i la Modernitat— aunque podría haberlo sido porque Roca comenzó a ilustrar a los 17 años y ha creado ocho álbumes desde 2001, cuando se estrenó con El juego lúgubre. “Una retrospectiva me parecía muy pretenciosa. Hay autores con una larga trayectoria que se lo merecen más”, señala el dibujante.

Las 200 piezas que se exhiben revelan algunos secretos creativos de sus novelas gráficas más conocidas como Los surcos del azar, El invierno del dibujante, Las calles de arena, Arrugas o El faro, de su viaje a Mauritania para el álbum Viñetas de vida, de Oxfam Intermón, y de su serie autobiográfica Memorias de un hombre en pijama, que se estrenó en 2010 en el diario valenciano Las Provincias y que desde hace un año se publica cada quincena en El País Semanal.

El segundo volumen de esta antología, Andanzas de un hombre en pijama, se presentará hoy en la fundación. Llegará al cine en 2016, fecha prevista para el estreno de la película sobre unas viñetas que recogen experiencias directas o indirectas de Paco Roca. “La llamada del domingo de ‘cuéntame algo que no se me ocurre nada’ se repite a menudo”, desvelaba MacDiego. “Yo me encuentro a menudo papelitos por la casa donde se dice: ‘Idea. A no sé quién le pasó no sé qué”, apostilla Raquel Silvestre, diseñadora gráfica, pareja de Roca, personaje de la serie y protagonista de algunos de los dibujos de los cuadernos de viaje que el autor hace solo para sí.

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