Entrevista | Luke Wilson

“Nunca he estudiado interpretación"

El actor texano presenta en el festival de cine de Oaxaca su segunda incursión en el mundo de la dirección con 'Satellite Beach'

El actor y director Luke Wilson durante el festival de cine de Oaxaca
El actor y director Luke Wilson durante el festival de cine de OaxacaDOUGLAS FAVERO

Luke Wilson (Dallas, 1971) lleva dos décadas compaginado su faceta de amable galán en comedias románticas de Hollywood con incursiones en celebrados proyectos independientes, como la recientemente premiada en el festival de Sundance The Skeleton Twins. Una trayectoria marcada en buena medida a golpe de intuición. “Yo era un estudiante de historia del arte pero lo que realmente me gustaba era el cine. Nunca he estudiado interpretación. Simplemente surgió así”, cuenta. Aunque mucho tiene que ver también que la primera cámara que grabó a este texano con aires de despreocupado Gary Grant fuera la de su amigo y paisano Wes Anderson. Empezaron juntos y seguirían colaborando a medida que engordaba el reconocimiento hacia la penúltima esperanza blanca de la dirección independiente estadounidense.

Esa misma influencia, como la de otros popes del cine de autor como Cassavetes o Dennis Hopper, es la que empuja a Wilson también a escribir y a dirigir. “Me siento más conectado con las películas orientadas a la construcción de personajes que con los grandes blockbusters”. Su última obra es un ejercicio de nostalgia a cerca de aquellos fastuosos viajes de la NASA en los setenta. La cinta, un cortometraje presentado en el festival de cine de Oaxaca, recrea con cierto tono de falso documental el traslado del transbordador espacial Endeavor por las calles de Los Ángeles para ser guardado como una reliquia en el museo de Ciencia de California.

Pregunta. ¿Echa de menos aquellos tiempos?

Respuesta. Es la historia de un protagonista que se hizo adulto en la época de los programas espaciales. Uno de esos niños que, como yo, crecieron en los setenta fascinados con los viajes del Apollo. Para mi, los lanzamientos espaciales eran algo muy importante. Recuerdo el momento exacto del despegue, lo que estaba haciendo cuando aterrizó o cuando sucedió la tragedia del Challenger. Era algo de lo que hablabas con tus amigos, en el colegio, con tus padres, estaba en los periódicos. Era como si la selección de futbol ganara el campeonato del mundo. Conseguía juntar a todo el mundo. Las cosas cambian, pero sí, hay algo de nostalgia de aquel tiempo cuando el país entero estaba detrás de un proyecto.

P. ¿Cree que la privatización de los vuelos espaciales es un síntoma de la decadencia del poder EE UU?

R. Creo que es un problema de dinero. Hay tantos problemas por solucionar, atender las necesidades de la gente, luchar contra la pobreza, hacer escuelas. Es lógico que eso vaya primero para el Gobierno que ir a Marte. Por eso creo que es genial que gente como Richard Branson tomen el relevo y se metan en la carrera espacial. Porque los jóvenes aún están muy interesados. Son esas cosas que nunca pasan de moda: la luna, las estrellas, las naves.

P. ¿Cuánto de historia real tiene el corto?

R. Leí un artículo en el periódico local sobre el tipo encargado de transportar el transbordador espacial desde el aeropuerto al museo de ciencia de California, un viaje de unos 11 kilómetros a través de la ciudad. Me gustó porque sonaba interesante pero también como un poco obsesivo. El tipo se iba todas los días a la cama pensando en eso, se levantaba pensando en eso. Y empecé a pensar cómo sería estar casado con él o y si fuera mi padre. Siempre me ha gustado la idea de la gente que se sumerge muy profundo en sus proyectos o sus trabajos. Me gustaba la idea de presentar a un personaje que cree que es su trabajo y es consumido por él pero realmente no tiene nada que ver con él. 

P. ¿Es cierto que nunca ha estudiado interpretación? ¿Ni siquiera un taller de fin de semana?

R. Nunca he estudiado interpretación. No es que esté orgulloso. Son cosas que pasan. Yo era un estudiante de historia del arte, pero las películas era lo que más me interesaba. No estoy en contra de estudiar interpretación o arte dramático y puede ser muy útil. Es solo que yo no estaba conectado con eso, al menos durante el instituto o en la universidad. Todos los actores que me encantan, de Brando o Nicholson, todos estudiaron muy en serio con esos métodos de profesores famosos. Siempre me gusta leer y aprender de ellos. Pero quizá yo no sea ese tipo de actor.

P. ¿En qué medida le ha condicionado el hecho que el inicio de su carrera esté tan relacionada con Wes Anderson?

R. Siempre pienso que nuestra primera película, Bottle rocket, fue un fracaso. Pero que a la vez, con el tiempo a la gente le ha ido gustado. Nunca me ha preocupado tener éxitos o participar en blockbusters. Es genial si lo haces porque eso te permite hacer otras películas. Pero hay millones de películas o de discos maravillosos que no tuvieron éxito cuando salieron y que con el tiempo les ha llegado el reconocimiento. Creo que sí estoy influenciado por como empecé con Wes. Trabajar en proyectos de pequeña escala me ha influido en el sentido que me gustan las películas más orientadas a la construcción de personajes. Me encanta las explosiones y las persecuciones. Pero creo que estoy más conectado con pequeños proyectos y comedias. Amo las comedias.

P. ¿Cuanta carga de improvisación tiene la película?

R. Hay un límite tras el cual debe haber algo de organización, porque si no te puedes perder. Pero este corto tuvo mucha carga de improvisación, empezábamos cada día sin saber qué íbamos a rodar o qué nos iban a permitir rodar. No tiene nada que ver con esos rodajes de Hollywood con catering y un calendario de rodaje.

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Sobre la firma

David Marcial Pérez

Reportero en la oficina de Ciudad de México. Está especializado en temas políticos, económicos y culturales. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera en El País. Antes trabajó en Cinco Días y Cadena Ser. Es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y máster en periodismo de El País y en Literatura Comparada por la UNED.

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