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CRÍTICA | Una merienda en Ginebra

Rodoreda desnuda

La nueva película de Ventura Pons contiene una gran interpretación de Vicky Peña

Joan Carreras, Vicky Peña y Cristina Plazas, en 'Un berenar a Ginebra'. Ampliar foto
Joan Carreras, Vicky Peña y Cristina Plazas, en 'Un berenar a Ginebra'.

En 1973, Mercè Rodoreda recibió en su residencia de Ginebra al editor y crítico literario Josep Maria Castellet y a su esposa Isabel Mirete, que habían acudido a la ciudad suiza para participar en una celebración de los Juegos Florales. Lo que podía haber sido un gratificante reencuentro entre viejos amigos se convirtió en algo irrepetible: la arisca autora de La plaça del Diamant abrió su corazón como nunca lo había hecho ante las miradas ajenas y esa conversación cargada de electricidad acabó inspirando un memorable capítulo del libro Els escenaris de la memòria de Josep Maria Castellet, quizá el más vívido retrato que haya podido legarse de la escritora. El texto de Castellet sirvió de base a Ventura Pons para levantar Una merienda en Ginebra, una película para televisión —propia de un modelo de televisión pública casi británico, conviene subrayar— que contiene una de las grandes interpretaciones femeninas del año —la de Vicky Peña canalizando, como una médium, tanto la melancólica fragilidad como la a veces hostil dureza de Rodoreda— y cuya calidad justifica su distribución en los circuitos cinematográficos del resto del estado.

Una merienda en Ginebra es una austera pieza de cámara: con el generoso contrapunto de Joan Carreras (Castellet) y Cristina Plaza (Isabel), Peña no interpreta, sino que somatiza la fascinante paradoja vital de una autora que encontró en la lengua identidad, alma y refugio.

UNA MERIENDA EN GINEBRA

Dirección: Ventura Pons.

Intérpretes: Vicky Peña, Joan Carreras, Cristina Plaza, Òscar Rabadan, Óscar Intente.

Género: drama. España, 2013.

Duración: 91 minutos.