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Revista de verano

Raphael, jefe de la tribu ‘indie’

Pasamos un día con el célebre cantante jienense (Linares, 1943) en el festival de pop alternativo Sonorama Ribera, que se celebra en la localidad burgalesa de Aranda de Duero

Raphael, ayer en Aranda de Duero durante las pruebas de sonido. Ampliar foto
Raphael, ayer en Aranda de Duero durante las pruebas de sonido.

Da igual: tengan 20, 30 o 50 la reacción es la misma. Cuando suenan los acordes de Puede ser mi gran noche, unos gritan y otros... los otros también. Raphael no espera para soltar la artillería, y al segundo tema del recital que ofreció anoche en el marco del Sonorama Ribera, festival de rock indie celebrado en Aranda de Duero de cuya jornada inaugural fue insólito protagonista, el cantante de 71 años se arranca con el tema más popular entre los suyos para las nuevas generaciones. ¿Cuántos han terminado sus fiestas con este hit?

La siguiente, ah, es otra cosa. Solo los asistentes más veteranos conocen la letra de Provocación. Lo que conoce todo el público es su nombre: basta con que se haga el silencio durante 10 segundos para que a los aplausos suceda un “¡Raphael!¡Raphael!”.

“No se ha visto en otra igual”, comentan dos nuevas fans del cantante, gritando por encima de un coreado de Todas las chicas me gustan... Él parece haber hecho esto toda la vida. Ellas se dicen “¡Es total!”. A su lado, una mujer que casi podría ser su abuela, les mira de reojo. Advenedizas.

Así, entre gritos y suspiros y en torno a las 23.00, acababa con final feliz el insólito viaje de Raphael hacia el territorio indie del Sonorama. Una odisea que comenzó el pasado enero, con el anuncio de que el intérprete de Yo soy aquel sería cabeza de cartel de uno de los espacios sagrados del pop alternativo patrio. Causó revuelo. Twitter ardió por enésima vez —para regocijo de la organización, que asegura que “cuando eres pequeño, tienes que gritar fuerte”— mientras los festivaleros se dividían entre la fascinación por el mito pop y el desprecio por el cantante melódico. El Sonorama (desde ayer y hasta el sábado) espera superar los 45.000 asistentes y calcula que alrededor de 2.000 acuden solo para ver al cantante: parecen haber ganado los primeros.

“Hay gente que es de una época y ahí se quedó. Yo no”, dice el cantante

“A mí me gusta meterme en todo. Estoy en la onda de hoy, y sin ningún esfuerzo”, arroja el jienense. Medio siglo de carrera y casi tantos discos como años a la espalda no son para andarse con rodeos. Desde que se anunció su participación en el Sonorama (que lleva fraguándose lentamente tres años) no ha dejado de reivindicarse como indie:Indie, de independiente, si no he entendido mal. Que es lo que yo he sido toda mi vida, desde que terminó mi primer contrato de discos, que era leonino. He hecho siempre lo que he querido”. Para muestra, un botón.

Raphael espera sobre el escenario durante la prueba de sonido, unas horas antes del concierto. En torno a él se mueven los instrumentos (piano de cola, guitarra, batería y teclado bastarán esta vez) y los miembros de la orquesta (“Ese es mi guitarrista, es buenísimo, lleva años conmigo. Él es mi ingeniero de sonido, lo malo que tiene es que es de Zzzzzevilla”, bromea el cantante). La agitación pasa en torno a él sin tocarle. No parece afectarle haber tenido que reducir de tres horas a una y media el tiempo de concierto, ni la imposibilidad de encajar su habitual y mastodóntico decorado. ¿No es todo esto un enorme engorro para alguien que se estrena ahora en un festival? “Pues mira, no sé si es más lío porque no lo he hecho nunca. Te lo digo cuando acabe”. Y lanza una de sus mil veces fotografiadas sonrisas profiden.

Raphael, con la cantante Vega ensaya antes del concierto. ampliar foto
Raphael, con la cantante Vega ensaya antes del concierto.

“Compartir escenario con él es un honor. ¡Esta mañana me he tenido que tomar un Lexatín!”. Habla Juan Alberto Martínez, vocalista del grupo Niños Mutantes. Su versión “a lo Pixies” del Como yo te amo (Grandes éxitos de otros, 2007) es gritado hasta la ronquera por sus seguidores, y ahora Martínez interpretará a pachas con el cantante un Estuve enamorado rejuvenecido. Raphael bailotea animando a su azorado compañero de micrófono, poco habituado a las maneras del veterano sobre el escenario. “Está muy bien su versión. Son de los pocos que se han atrevido a cantar canciones mías [Fangoria lo hizo con Puede ser mi gran noche y Escándalo]. Ahora seguro que se animan otros”, reflexiona el jienense.

Raphael no parece dispuesto a contentarse con que su público envejezca con él. Acaba de lanzar nuevo disco, De amor & Desamor (ya está en el número tres de iTunes gracias a las compras anticipadas, pero llegará en octubre), con nuevas grabaciones de 15 de sus canciones más conocidas. “Está hecho con los arreglos de hoy en día. Hay gente que es de una época y ahí se quedó. Yo no”, explica. El siguiente trabajo, que lanzará en enero, estará compuesto por nuevos autores. Entre ellos, Vega, que también le acompaña en este desparrame de brío juvenil con Hablemos del amor. No es la primera vez que se encuentran. Vega ya le convenció para que cantara con ella Wolverines en su último disco. No es la última artista invitada al show de Raphael. Alberto Jiménez, vocalista del grupo Miss Caffeina, cantó con él Quién sabe nadie, una de las bazas finales del concierto.

Gracias a Raphael este año se esperan en Sonorama 5.000 asistentes más que el pasado año

“Hay mucho de tapadillo diciendo que no le gusta Raphael o Amaral. Esos mismos van a estar cantando sus canciones esa noche”, acusa Javier Ajenjo, director del festival. Por eso mismo, reconoce que es en parte gracias a él que este año esperen a 5.000 asistentes más que el pasado. No se arredra ante las críticas: hace tres años que trata de engatusar al cantante para que se acerque a Aranda. Y de todas maneras, asegura, no han cerrado nunca la puerta a otros estilos: ¿No han pasado por aquí Calle 13 o Bebe? Ahora bien, todo tiene un límite. “¿Cabe David Bisbal en el Sonorama? Pues no, con todos los respetos”. Algunos festivaleros resoplarán de alivio.

La fiesta, mientras, se prepara en el centro de Aranda de Duero, un pueblo de algo más de 33.000 habitantes que dobla su población durante cinco días al año. “Raphael mola”, dicen Clara (ha asistido a siete ediciones de las 17 del evento) e Irene (su primera vez). Por mucho que ellas estén interesadas sobre todo en los grupos internacionales Exsonvaldes y Cut Copy, piensan cantar todas las que se sepan del cantante melódico. Otra pareja de habituales del Sonorama, Guille y Raquel, se encuentran divididos por el jienense. “A mí me encanta”, dice ella mientras él pone cara de circunstancias, “De hecho, lo que llevo peor es Amaral”. Ahora bien, ninguno de los dos se ha movido hasta Burgos por Raphael: Nacho Vegas es su prioridad estos días. Eso, y el lechazo.

El que no probará el jienense. Después de comer ligero, dos horas de siesta (“No duermo, pero descanso”) y a prepararse. No sabe qué le espera antes del concierto. Quizás escuche a Niños Mutantes. Luego viene un trabajo duro que ni se plantea abandonar: “Hay muchos que van a verme aquí por primera vez. Espero que se queden, y que cuando se casen o se junten y tengan hijos, les pongan mis canciones. Porque son históricas”.