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Revista de verano
CRÍTICA | LAS VIDAS DE GRACE

Los niños perdidos

En su segundo largo, Cretton neutraliza las peores sospechas acerca de su manierismo 'indie' desde su primera secuencia

Brie Larson, en 'Las vidas de Grace'.
Brie Larson, en 'Las vidas de Grace'.

Reelaboración del cortometraje —homónimo en su título original: Short term 12— que el propio director firmó en 2008 con otro reparto, Las vidas de Grace, segundo largometraje de Destin Daniel Cretton, logra neutralizar las peores sospechas acerca de su manierismo indie en una primera secuencia que supone una modélica aplicación de la estrategia de la falsa pista: el monólogo de uno de los personajes principales —que el actor formula con esa ya algo irritante querencia por los puntos suspensivos y la impostura improvisatoria, mientras la imagen subraya la espontaneidad con el temblor dubitativo de la cámara en mano— se ve bruscamente interrumpido por una irrupción inesperada que rompe el tono. El espectador no tarda en saber que los personajes son cuidadores y educadores en un centro de acogida para jóvenes desfavorecidos y la secuencia acaba ilustrando el inestable equilibrio entre relajo y alerta que define ese entorno. Un arranque capaz de convencer al espectador más escéptico. Y lo cierto es que el resto de Las vidas de Grace se mueve constantemente en zona de peligro, con materiales de partida que podrían nutrir un telefilme rutinario, infectado de falso sentimentalismo y condicionado por una mirada condescendiente sobre la marginalidad, pero tanto el cineasta como su reparto no dejan de arriesgarse y caer de pie.

LAS VIDAS DE GRACE

Dirección: Destin Daniel Cretton.

Intérpretes: Brie Larson, Frantz Turner, John Gallagher, jr., Rami Malek, Stephanie Beatriz, Keith Stanfield.

Género: drama. EE UU, 2013.

Duración: 96 minutos.

Destin Daniel Cretton reitera en dos ocasiones un mismo recurso: en secuencias distintas, la interpretación de un tema de hip-hop y la lectura de un cuento infantil desvelan los pasados traumáticos de sendos personajes. Resulta, pues, meritorio que la insistencia se salde en doble carga de verdad y no parezca mecánica. Otro llamativo rasgo es la habilidad para dosificar informaciones clave que establecen un juego de espejos entre los jóvenes problemáticos y los responsables de su cuidado en ese transitorio terreno de acogida. Una película de ex niños perdidos (con heridas por cicatrizar) que cuidan de otros niños perdidos con heridas recién abiertas, donde se maneja la emoción con tanta inteligencia como pudor.