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Austeridad letal

Varios libros desmontan el mito de los recortes como terapia eficaz contra la crisis

Las calles de Lisboa en 2013 fueron escenario de una de las muchas protestas contra los recortes que han recorrido Europa.
Las calles de Lisboa en 2013 fueron escenario de una de las muchas protestas contra los recortes que han recorrido Europa.

El final de la segunda recesión ha permitido al Gobierno español cantar victoria, asegurando que, gracias a la austeridad, ya se habría iniciado la recuperación. Para ello poco importa que el crecimiento sea ínfimo, el desempleo apenas descienda y se haya duplicado la deuda pública, con tal de presumir que la política de austeridad ha vencido a la crisis.

Pero en esto el Gobierno no está solo, pues también la UE, la OCDE y el propio FMI insisten en hacer del caso español un ejemplo del éxito que habría obtenido la austeridad como terapia anticrisis. Y de ser cierto, eso pondría fin al largo debate entre keynesianos y neoliberales acerca de cómo combatir las depresiones económicas, si con estímulos estatales para favorecer la demanda de consumo o con restricciones del gasto público para favorecer la oferta empresarial, habiéndose impuesto finalmente la tesis de la austeridad. ¿Cuánto hay de verdad en ello? ¿Estamos ante una demostración incontrovertible o se trata de pura propaganda política? He aquí cuatro libros recientes que coinciden en desmontar el mito de la austeridad como terapia eficaz.

Blyth habla del ordoliberalismo germánico procedente de la "revolución desde arriba" de Bismark

En Austeridad. historia de una idea peligrosa (Crítica) Mark Blyth, economista escocés que profesa en EE UU, acomete un doble propósito. Ante todo establece la genealogía intelectual del concepto de austeridad (entendido como principio que exige reducir al mínimo la renta salarial y el gasto público para garantizar la expansión de los mercados y la acumulación de capital), cuyo origen se remonta a los padres fundadores del liberalismo (Locke, Hume y Adam Smith), pero que solo cobra carta de naturaleza tras el desarrollo del Estado. Así aparecen dos escuelas divergentes: el neoliberalismo anglosajón, que rechaza todo intervencionismo estatal, y el ordoliberalismo germánico procedente de la "revolución desde arriba" de Bismark, que recurre a la intervención tecnocrática del Estado para poder sanear las cuentas garantizando la competitividad privada. Y la síntesis entre ambas escuelas la proporciona el actual gurú neoliberal, el italoamericano Alberto Alesina, que ha terminado por imponer su modelo de "austeridad expansiva".

El resto del libro lo invierte Blyth en refutar empíricamente la viabilidad práctica de este último concepto, un auténtico oxímoron o contradicción en los términos: ¿puede servir la austeridad salarial y presupuestaria como palanca para impulsar el crecimiento económico? Y la respuesta de Blyth es que solo resulta posible si las economías austeras están en minoría frente a economías expansivas a las que poder exportar. Pues cuando todas las economías de un espacio común adoptan la austeridad, como ha sucedido en la Unión Europea, entonces actúa la falacia de composición que imposibilita el crecimiento, empobreciendo a las poblaciones afectadas y endeudando a los Estados por la caída de los ingresos fiscales.

De modo que la austeridad casi nunca funciona en términos expansivos, pues por lo general contribuye a agudizar los problemas que pretendía resolver. Pero lo peor de la austeridad no es su evidente ineficacia (puesto que genera más costes que beneficios), sino sus perversos efectos sociales. Y es que la austeridad mata: de ahí que se haya impuesto el neologismo de austericidio.

Lazzarato escribe que

el austericidio se ha impuesto 

porque somete nuestras almas

En demostrar los letales efectos de la austeridad se encarga Por qué la austeridad mata (Taurus) de Stuckler y Basu, dos epidemiólogos sociales expertos en salud pública cuyas investigaciones aparecen en The Lancet y que han explorado los deletéreos efectos que las políticas de austeridad han causado a las poblaciones que las sufren en términos de mortalidad, morbilidad, suicidio, trastornos mentales, alcoholismo, agresiones, etcétera. Para ello estudian tres casos históricos (la Gran Depresión de los años treinta, la transición soviética del comunismo al capitalismo y la crisis del sureste asiático) y los actuales desastres derivados de la gran recesión en EE UU y la segunda recesión en Europa. Aquí destaca el dramático caso de Grecia, con una regresión en todos los indicadores solo comparable a la de Rusia en los años noventa. Pero aun con cifras inferiores, el caso de España no deja de resultar alarmante, pues también aquí han crecido tanto los suicidios como la mortalidad, especialmente tras los recortes de 2012.

Y para contextualizar la cara oculta de este austericidio, decretado con el único objeto de restaurar la tasa de beneficio descargando su coste social sobre las capas más desfavorecidas, nada mejor que contrastar esos dos libros anglosajones con otros dos europeos, que también analizan su genealogía intelectual. El de los franceses Laval y Dardot reconstruye como el de Blyth la doble matriz neoliberal (anglosajona) y ordoliberal (germánica) de las políticas de ajuste, pero la inscriben dentro del concepto de biopolítica (administración de los cuerpos y de las subjetividades) propuesto por Foucault en sus cursos del Collège de France en los años setenta, justo cuando se iniciaba el asalto del neoliberalismo para reconquistar el poder. Es la doma del demos y de las mentes por medio de la austeridad: la letra con sangre entra.

El breve ensayo del italo-francés Lazzarato se inscribe en la misma inspiración genealógica, pero remontándose más atrás de Foucault, hasta sus antecedentes en Deleuze y Guattari, en el joven Marx y en último término en Nietzsche, cuyo concepto de deuda (como relación asimétrica de poder entre deudor y acreedor), identificado con el de culpa (que instituye una subjetividad dominada), actúa de matriz de todas las demás relaciones sociales. De este modo, si el austericidio se ha impuesto no es tanto porque castiga nuestros cuerpos, sino porque somete nuestras almas al gran acreedor universal: el anónimo capital de los impersonales mercados abstractos.


Austeridad. Historia de una idea peligrosa. Mark Blyth. Traducción de Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar. Crítica. Barcelona, 2014. 544 páginas, 23 euros.

Por qué la austeridad mata. El coste humano de las políticas de recorte. David Stuckler y Sanjay Basu. Traducción de Alejandro Pradera y Federico Corriente Basús. Taurus. Madrid, 2013. 335 páginas, 18 euros.

La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal. Christian Laval y Pierre Dardot. Traducción de Alfonso Díez. Gedisa. Barcelona, 2013. 427 páginas, 24 euros.

La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal. Maurizio Lazzarato. Traducción de Horacio Pons. Amorrortu. Madrid, 2013. 192 páginas, 16 euros.