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Festival Cannes 2014

El cine se cuela en el Maidán

El director ucranio Sergei Loznitsa retrata en un documental las protestas en su país a través de una sucesión de planos fijos rodados en el corazón de la revuelta

Sergei Loznitsa, durante el rodaje de la película.
Sergei Loznitsa, durante el rodaje de la película.

Ucrania también llevó a cabo una anexión. Fue ayer, en Cannes. Porque, en plena Croisette, el pabellón del país al que hoy mira medio mundo no bastaba para acoger a la prensa allí congregada. Así que tuvo que invadir el de Azerbaiyán, situado justo al lado. Sin embargo, los vecinos se mostraron encantados —“nuestra tierra es vuestra tierra”— , en el que quizás sea el único resquicio para la broma de esta historia. Por lo demás, no hay mucha materia de chiste. Y así lo muestra el documental Maidán,en el que el cineasta ucranio Sergei Loznitsa filmó la plaza de Kiev donde las protestas latieron con más vigor. La película se proyectó en Cannes y fue una de las razones por la que ayer el pabellón ucranio estaba hasta arriba.

Pero hay más motivos. Tantos como para pensar que la fecha de la proyección de Maidán fuera escogida con astucia. El domingo Ucrania celebra los primeros comicios presidenciales desde la caída y huida de Víctor Yanukóvich, depuesto tras las protestas en la plaza de Maidán. Hace 10 días, en el este, las regiones de Donetsk y Lugansk aprobaron sendos referendos de autodeterminación, ilegales según Kiev, y ahora las fuerzas ucranias y prorrusas se disparan a vistapor sus tierras —ayer 14 muertos—. Y, luego, ya casi olvidada, está la anexión de Crimea por parte de Rusia aprovechando el caos que se desató en el país tras la caída de Yanukóvich.

Loznitsa: “El filme muestra el precio que hay que pagar por la libertad”

“La película muestra cómo la gente echó a un régimen y el precio que hay que pagar por la libertad”, defiende Loznitsa. La charla se celebra en un clima surrealista en el que las peticiones de entrevistas se han multiplicado, el tiempo para ellas reducido —sobre todo si, como para España, no hay aún distribuidor— y por el pabellón se pasea un tipo en uniforme de soldado. Por suerte, no es de la KGB ni funcionario de Kiev, sino un cámara de la televisión polaca al que le gusta ir así por la vida —sí, es en serio—.

Loznitsa cuenta que empezó a grabar las revueltas del Maidán en diciembre de 2013. Los ucranios salieron a la calle para protestar contra la decisión de Yanukóvich de no firmar en noviembre un acuerdo de asociación con la UE. “Si todo eso hubiese ocurrido en Madrid, ¿usted no habría ido?”, pregunta el director ucranio sobre las razones por las que arrancó su proyecto. El cineasta filmó unas 50 horas durante 10 días. Y luego le pasó el testigo a Sergei Stefan Stetsenko, un cámara que prosiguió el trabajo desde enero hasta marzo, acudiendo cada dos o tres días a la plaza, para obtener un total de 100 horas de material.

Ambos, que quede claro, responden de la misma manera a la pregunta de si hubieran acudido al Maidán como ciudadanos de no mediar el documental: “¡Por supuesto!”. Parecida es también su opinión sobre los ataques a algunos líderes del movimiento por sus supuestas posiciones de extrema derecha que ellos consideran como parte de la propaganda rusa.

El director apenás movió la cámara, con la que rodó un total de 100 horas

Sea como fuere, las dos horas que dura el montaje definitivo son una serie de planos de la plaza y de lo que allí acontecía. La cámara apenas se mueve dos veces en todo el documental. Lo que cambia son las zonas donde ambos Sergei la colocaban. “Solía dejarla en un sitio unos 15 o 20 minutos y luego la cambiaba. A veces la gente me recomendaba ir a grabar algo”, relata Stetsenko. “Quería una descripción. Cuando mueves la cámara el espectador se pregunta por qué lo estás haciendo y no lo necesitaba”, añade Sergei Loznitsa.

Así, Maidán arranca con un plano de una marea de ciudadanos cantando el himno nacional y desde allí sigue grabando el día a día de la plaza. La primera parte, con poetas que suben a un escenario a leer sus creaciones y espontáneos con la guitarra, recordará a más de un español lo acontecido en Sol durante las protestas del 15-M. Pero tras un ultimátum del Gobierno en enero, la cosa se tuerce.

La cámara de los Sergei sigue allí pero ahora ante ella hay llamas, antidisturbios, gritos y barricadas. En un momento se ven incluso las consecuencias de los tristemente famosos francotiradores encargados de reprimir las revueltas. Por ellos, Stetsenko modificó su rutina de trabajo: “El 19 de enero salimos a grabar un amigo y yo. Solo teníamos un casco así que lo compartimos: mientras él preparaba la cámara lo llevé yo y al ponerme a grabar se lo pasé. Y poníamos cinta negra sobre las pantallas, porque se decía que era uno de los blancos favoritos de los francotiradores”.

La película termina, así como las protestas en el Maidán, tras su éxito y la instalación del nuevo ejecutivo de Kiev. Pero la historia de Ucrania y su conflicto con Rusia siguen. “Creo que tendrán que devolvernos Crimea y disculparse”, es el escenario optimista de Loznitsa. Y en cuanto a las elecciones del domingo ambos Sergei aseguran que votarán. ¿Por quién? “No creo que cambie mucho entre un candidato y otro. Y si finalmente sale la opción equivocada, el Maidán ya la corregirá”, sostiene el director de Maidán. Ahí estará él, listo para colocar la cámara.

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