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Qué sucede cuando se echa el telón del espectáculo Bunbury

Josu Lapresa, redactor jefe de 'Rolling Stone', reconstruye en un libro los pasos hacia 'Pequeño', el disco que salvó al músico

Bunbury presenta 'Pequeño' en 1999.
Bunbury presenta 'Pequeño' en 1999. efe

Se apagan los focos y para la música.

Cuando se desmantela el escenario del último concierto de la gira que da un cantante o un grupo, se abre un paréntesis que no se indaga con frecuencia, el despojo del personaje de su disfraz y la aparición de la persona, con una imagen pública, pero también con un trabajo, con luchas y dudas, los golpes con la realidad, aspiraciones, puertas que se intentan abrir y se resisten… Y con Bunbury, que actúa siempre, poner el ojo en esa mirilla era aún más complicado. “Son historias maravillosas” estas del entrebastidores de una grabación, dice Josu Lapresa (Pamplona, 1979), periodista musical y redactor jefe de Rolling Stone. Con el empeño de revelar qué sucede más allá de las entrevistas de promoción que se quedan —o no— en nuestras retinas, Lapresa ha escrito Pequeño: El disco que salvó a Bunbury (Lengua de Trapo, colección Cara B), un libro que reconstruye como un rompecabezas de una época pre-Internet. Y el recorrido que hizo la exvoz de Héroes hasta la creación del disco que marcó un antes y un después en su carrera, en un intento de separar al músico de esa imagen teatral, un álter ego escénico que es su propuesta a la vez que su cárcel. ¿Cómo es Enrique Ortiz de Landázuri cuando deja de actuar? ¿Cómo se articulan los engranajes del mundillo que rodea la música?

1996. Héroes del Silencio se separa después de pocos álbumes, muchísimo éxito y una horda de seguidores a los que dejan en ese fango particular que consiste en que desaparezca un referente para la ilusión. "¡Héroes, héroes, héroes!". El público reclamaba a su banda en los conciertos que presentaban a Radical Sonora (1997), el primer trabajo en solitario de Bunbury, “en el que se subió al carro de una moda, y se traicionó a sí mismo”. El álbum no les dio motivos de alegría. Y el patinazo fue descomunal, y crucial el momento para este zaragozano que Lapresa, describe “como una estrella de rock enorme en este país”, un hombre que afrontaba por vez primera “su primer paso atrás”, y el periodista lo cuenta con detalle. “El libro está muy ligado tanto a Pequeño como a Radical sonora, si no le hubiera salido mal, quizá su carrera sería totalmente distinta o no sería…”, explica. Y en él se encuentran paso a paso, relatadas como un gran reportaje periodístico, las influencias, los viajes, las reacciones o las conversaciones, a partir de entrevistas con Bunbury y su entorno, y el rastreo por biografías, críticas y crónicas, y vida de los fans.

Bunbury promociona 'Radical sonora' en 1998. ampliar foto
Bunbury promociona 'Radical sonora' en 1998.

Lapresa, un fan de Bunbury “con altibajos; a veces, durmiente, a veces, activo” piensa que a este casi nunca se le ha hecho justicia. “Su concepción del artista y del espectáculo, de lo que cree que tiene que ofrecer al público, no es habitual en este país y se tiende a frivolizar o a desdeñar y ver su fachada, y no el proceso…”. Estilismos pensados al milímetro, extravagantes uñas pintadas, maquillaje, boas que rodean el cuello, poses lánguidas… Bunbury no ha escatimado en gestos, colores y ropajes para construir un mundo, ese personaje de excesos, que se extiende a la coreografía, las fotos, los símbolos, el grafismo. “Un grupo normal no tiene tantas aristas y no tiene tantos peligros, que es lo que le sucede a Bunbury; no puede permitirse retroceder. La culpa también la tiene él, después hay que aceptar que te juzguen por el continente y no el contenido”, reflexiona Lapresa, que defiende sin embargo la originalidad del artista: “Su propuesta creo que es sincera pero entraña riesgos, que te critiquen por fantasma. Su discurso hace que tenga que reaccionar a todo de manera extraordinaria, que se equivoque después de forma extraordinaria”. Y Lapresa considera que si bien es cierto que ha tomado prestadas cosas, lo ha hecho de una manera personal, con la aportación de sí mismo. “Desde que existe el rock alguien ha copiado siempre a alguien”, zanja el autor del libro.

Y así, cuando llegó Pequeño, “no se esperaba nada auténtico de este disco sin artificio; no se ha podido separar el prejuicio de su música de verdad”. En el trabajo se veían las influencias que a Bunbury después le abrieron un continente que lo recibió y en el ahora que vive, de la mano de Aterciopelados como anfitriones. Pero había encontrado su camino, al menos por unos momentos. Y nuevos fans, el comienzo de las giras por Latinoamérica, el fin de las que daba en Europa, un sonido… “Siempre está cambiado, es una persona muy inquieta musicalmente. Es como si tienes cuatro ángeles y demonios alrededor; pesa más el que le da más color al disco en el que trabaja", relata Lapresa que va desgranando los sentimientos del artista, pequeñas experiencias, sus orígenes, en un trabajo en el que se tenía que confrontar con el celo y la reserva por su intimidad de Bunbury.