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CRÍTICA | HASTA VER LA LUZ

Favelas lisboetas

Basil da Cunha filma con credibilidad y cierta garra una inédita Lisboa: la del lumpen, la droga, la violencia y las bandas

Un fotograma de 'Hasta ver la luz', la Lisboa de las favelas y la violencia.
Un fotograma de 'Hasta ver la luz', la Lisboa de las favelas y la violencia.

Si en alguno de sus diálogos no se dijera varias veces que estamos en Lisboa, bien podría acabar la película y que aún estuviéramos pensando que hemos visto un relato ambientado en las favelas de Río de Janeiro. Hasta ver la luz, opera prima del joven portugués afincado en Suiza Basil da Cunha, muestra una inédita Lisboa en el cine, la del lumpen, la droga, la violencia, las bandas. Y lo hace con hiperrealismo cercano al cine documental y con una hermosa fotografía, sobre todo la nocturna, que capta las luces y las sombras de un barrio a la deriva. Con credibilidad y cierta garra en una puesta en escena presidida por la cámara en mano, siempre cercana a los rostros. Eso sí, la historia (ni mínima ni minimalista, simplemente insuficiente) la hemos visto decenas de veces en películas de este estilo, pero mejores, ambientadas en otros países, sobre todo latinoamericanos.

Da Cunha, entre la no-narrativa y la narrativa tradicional, se queda a mitad de camino, y al final lo que habita en Hasta ver la luz son secuencias que se alargan en demasía, comandadas por discusiones entre jóvenes, actores no profesionales, que vienen y van, sin parar en ninguna parte y claramente inspiradas en esos ejercicios de improvisación que pocas veces sacan algo de jugo. Las imágenes tienen fuerza, pero ni el simbolismo del lagarto ni los apuntes de esoterismo enganchan lo suficiente como para escapar de la condición de curiosidad de cierto mérito formal.

HASTA VER LA LUZ

Dirección: Basil da Cunha.

Intérpretes: Pedro Ferreira, João Veiga, Nelson da Cruz, Paulo Ribeiro, Pedro Diniz.

Género: drama. Portugal, 2013.

Duración: 95 minutos.