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Muere Mickey Rooney a los 93 años

El actor con una de las carreras más largas de Hollywood protagonizó cerca de 150 películas

Mickey Rooney con su primera esposa, Ava Gardner.

Es complicado encontrar una carrera interpretativa en Hollywood tan prolífica como la de Mickey Rooney, que debutó en un musical a los 17 meses, que empezó en el cine en 1926, cuando las películas eran mudas, y que tenía varios proyectos pendientes cuando falleció este domingo a los 93 años. Rooney era una figura popularísima en Estados Unidos y su imagen de crío gamberro y a la vez viejo cascarrabias ha pasado de generación en generación mientras él seguía trabajando en cine, televisión y teatro, y acumulaba candidaturas y premios —fue finalista al Oscar cuatro veces y recibió uno honorífico en 1982—. De esa veteranía quedan muy pocos actores vivos, si acaso un par de actrices que comenzaron su carrera igual que Rooney, como estrellas infantiles, y, por supuesto, Luise Rainer, la primera intérprete en ganar dos oscars, y que en enero cumplió 104 años.

A Rooney siempre le perseguirá la fama de vividor, de tener buena labia con la que, aseguraba, conquistaba a las mujeres (se casó ocho veces, la primera con Ava Gardner, y tuvo nueve hijos), y de tipo con carácter irascible, como aún recuerdan quienes trabajaron en España con él en La vida láctea, de Juan Esterlich.

Mickey Rooney nació como Joseph Yule júnior en Nueva York en 1920, hijo de un escocés y una estadounidense que se dedicaban al vodevil. Con 17 meses salía al escenario con un smoking pequeño y debutó en un corto mudo, haciendo de un niño fumador, titulado Not to be trusted. Gracias a ese pasado, el cómico sabía bailar claqué y cantar.

Cuando sus padres se divorciaron, Rooney viajó con su madre a California y en Hollywood comenzó a hacer cine bajo el nombre de Mickey McGuire. Ahí ya fue acumulando película tras película —ha muerto con 150 largometrajes a sus espaldas—, trabajos que interpretaba mientras iba al colegio en el Hollywood Professional School, un colegio especializado en educar a niños actores. En esos inicios, por ejemplo, encarnó al personaje de Clark Gable, cuando era niño, en El enemigo público número 1. En 1934 fichó por la Metro-Goldwyn-Mayer (ya con el nombre que le haría famoso), con lo que apareció en títulos como El pequeño Lord, El sueño de una noche de verano o Capitanes intrépidos y el éxito le sorprendió en 1937, cuando encarnó a Andy Hardy, el hijo de un juez, en El honor de la familia. Lanzada como serie B, la película tuvo en cambio tanto éxito que tuvo 13 secuelas entre 1937 y 1946, y aún en 1958 se rodó otra más. En 1938 demostró su capacidad para personajes con más en enjundia en Forja de hombres, junto a Spencer Tracy, que también tuvo su continuación: La ciudad de los muchachos (1941).

Rooney se convirtió en el actor más taquillero en Estados Unidos en 1939, 1940 y 1941, apareció en la portada de la revista Time y recibió un oscar juvenil en reconocimiento a su trabajo. Son también los años en que conoció y empezó a trabajar con Judy Garland, su mejor amiga: “Nosotros no solo éramos un equipo, éramos magia”, contaba Rooney. Antes de incorporarse a filas en la II Guerra Mundial, paso que dio en 1944, el actor ya había sido candidato dos veces al Oscar: por Babe in arms (1939) y por The human comedy (1943). Lo sería después otras dos veces: por The bold and the brave (1956) y por The black stallion (1978). En esos momentos de gloria, y en contra de la opinión de Metro-Goldwyn-Mayer, donde veían que su fama crecía a la vez que sus problemas (económicos, de mal carácter dentro y fuera de los platós, de apuestas…), a sus 21 años, en 1942, se casó con otra actriz jovencísima, Ava Gardner (19 años), en un matrimonio que apenas duró un año.

Después de animar a las tropas en Europa, su vuelta a Hollywood fue la caída del mito. Su carrera se había desvanecido, él ya no era un adolescente, y a partir de entonces tuvo que conformarse con shows televisivos y personajes secundarios en el cine: desde Desayuno con diamantes a El mundo está loco, loco, loco, Pedro y el dragon Elliot, El corcel negro, Erik el vikingo, Babe, el cerdito en la ciudad, Noche en el museo o The muppets. La pequeña pantalla fue la que mantuvo su fama de generación en generación, porque incluso en los ochenta y noventa trabajó en Vacaciones en el mar (1982), Las chicas de oro (1988), Se ha escrito un crimen (1993) o Urgencias (1998).

Rooney tuvo una bulliciosa vida sentimental —repleta de historias tristes como el suicidio de una de sus esposas, Barbara Ann Thompson, que apareció muerta en su cama con su amante, un amigo del actor, que estaba rodando en Filipinas— y financiera: en diversas ocasiones se declaró en bancarrota. También, algún gran éxito, como en 1979 su vodevil Sugar babies, que arrasó en Broadway, o como el telefilme Bill, con el que ganó el Emmy y el Globo de Oro en 1982.

Nunca dejó de trabajar ni de tener problemas: en 2011 solicitó y obtuvo una orden de alejamiento de uno de sus hijastros por presuntos malos tratos al retenerle su pasaporte y negarle dinero, medicinas y comida. Ambos llegaron a un acuerdo, pero la economía del actor quedó en manos de un administrador, encargado de proteger lo que quedaba de su fortuna. En mayo del año pasado vendió su casa de décadas y se separó de la que ya es su última esposa, Jan Chamberlain. Ha dejado acabada una versión de Doctor Jekyll y Mister Hyde, y tenía dos películas más firmadas.

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