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CRÍTICA | Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

Pobre diablo

El director y protagonista, Guillaume Gallienne, juega a no ocultar el origen teatral de su filme, 'Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!'

Fotograma de 'Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!', dirigida e interpretada por Guillaume Gallienne (izquierda). Ampliar foto
Fotograma de 'Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!', dirigida e interpretada por Guillaume Gallienne (izquierda).

Como bien sabe todo aficionado al humor judío, la verticalidad ante el micrófono de un club nocturno puede ser homologable a la horizontalidad del paciente sobre el diván. Comedia autoinculpatoria y sesión psicoanalítica pueden ser intercambiables herramientas terapéuticas para sacar oro de la propia debilidad y construirse una personalidad distintiva e irremplazable con aquellos materiales que la presión social y la mirada del otro impelerían a esconder bajo la alfombra.

Guillaume Gallienne no es judío, sino ruso ortodoxo, pero la impudicia con la que ha transformado su propia identidad en discurso y espectáculo —primero como monólogo teatral; más tarde transformado en película— le sitúa en la posible línea de descendencia del primer Woody Allen, el monologuista debutante en un club de Greenwich Village. O, en otro orden (católico) de cosas, del Robert Crumb que, pluma en mano, supo convertir en mito universal sus problemas con las mujeres. También podría mencionarse a Harvey Fierstein o, tirando de ese hilo en busca de territorios expresivos cercanos, a la cultura del monólogo queer, pero Guillaume y los chicos, ¡a la mesa! no deja de plantear desafiantes problemas de clasificación. Y he ahí el quid del asunto, porque esta película que se hizo con cinco premios César —entre ellos, los de mejor película, mejor ópera prima y mejor actor— trata, precisamente, de eso: del problema de que te clasifiquen cuando aún no has tenido ocasión de clasificarte a ti mismo.

GUILLAUME Y LOS CHICOS, ¡A LA MESA!

Dirección: Guillaume Gallienne.

Intérpretes: Guillaume Gallienne, André Marcon, Diane Kruger, Françoise Fabian, Nanou Garcia, Reda Kateb, Brigitte Catillon, Charlie Anson.

Género: Comedia. Francia-Bélgica, 2013

Duración: 83 minutos

Fascinado por una madre enérgica y dominante, Gallienne vivió los primeros 33 años de su vida bajo la asunción familiar de que era homosexual. Encarnación, pues, de una diferencia cargada de matices y letra pequeña en un entorno regido por otra idea de la masculinidad, Gallienne sufrió la homofobia, se sometió a terapia y, finalmente, encontró en la comedia el mejor medio para explicarse al mundo y, de paso, entenderse a sí mismo. Guillaume y los chicos, ¡a la mesa! fue, antes que nada, un monólogo teatral donde el autor interpretaba en escena todos los personajes: finalmente, se ha convertido en una película donde su bien temperada vis cómica se desdobla en la autoficción de sí mismo y en una irresistible caricatura de su propia madre.

Miembro de la Comédie Française y actor de larguísimo recorrido, Gallienne llega a su ópera prima con un absoluto dominio de sus recursos interpretativos y con una asombrosa flexibilidad en el manejo del lenguaje cinematográfico: su debut juega a no ocultar el origen teatral de la propuesta —aunque el cineasta confiesa que la forma ideal del proyecto era cinematográfica desde el principio— y transita sin reparos, pero con elegancia, entre la seducción de la comedia comercial y la exigencia del psicodrama trascendido en festivo ajuste de cuentas.

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