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SXSW, el festival del talento

El certamen South by Southwest de Austin se consolida como un laboratorio y lanzadera de ideas y nuevas voces en cine, música y su sección interactiva

Entrevista virtual con Edward Snowden, en una de las salas de proyección de cine en el South By Southwest (SXSW).
Entrevista virtual con Edward Snowden, en una de las salas de proyección de cine en el South By Southwest (SXSW). bloomberg

"Para mí, South by Southwest significa magia, esperanza, inicios, madurez, libertad, triunfo y tacos”, dijo Lena Dunham en su charla en el festival de Austin, al que le debe su carrera y éxito. En una única frase resumió el espíritu del certamen de la capital de Texas que nació, como encuentro musical en 1987, como “una herramienta para que la gente creativa y las compañías trabajaran juntas”. Un objetivo que se extendió a las partes de cine e interactivo añadidas en 1994 y que sigue siendo la base del éxito de este festival cuyo nombre rinde homenaje al North by Northwest (Con la muerte en los talones), de Hitchcock.

Las charlas y encuentros, relacionadas con cine, música, tecnología, sobre casos de éxito e inspiradores son una de las partes más importantes del festival. Este año, además de Dunham, habló Nicolas Cage, Robert Duvall, Jarvis Cocker o Neil Young; y desde sus exilios, Edward Snowden y Julian Assange. Pero estas charlas son solo una parte de la inabarcable oferta. Además, está la feria de tecnología y las reuniones entre empresas interactivas durante los primeros cinco días, a los que le suceden cinco días de conciertos (más de 2.000) repartidos por toda la ciudad.

El cine, desde 1994, se ha convertido en su pata más larga, al menos la que mayor atención tiene, ocupando los 10 días que dura el SXSW con proyecciones (seguidas de coloquios con los directores y actores), encuentros entre artistas, entrevistas públicas… De las 450 personas que se inscribieron en 1994 en cine, en 2013, a la espera de conocer los datos de este año, acudieron cerca de 16.000 (más de 30.000 en la sección interactiva, y 25.000 en música).

Austin habla español

La música española llevaba presente en el South by Southwest años y en esta edición 19 bandas han llegado hasta Austin por su cuenta o con el apoyo de la plataforma Sounds from Spain (Kiko Veneno, Fuel Fandango, Lori Meyers…). Sin embargo, la gran novedad ha sido la presencia de tres producciones españolas en la parte de cine y la presentación del piloto de la nueva serie de Showtime, Penny Dreadful, dirigido por Juan Antonio Bayona.

10.000 Km, el debut de Carlos Marqués-Marcet, y Una noche en el viejo México, un western moderno que Robert Duvall llevaba persiguiendo 35 años y pensó que nunca haría hasta que apareció Emilio Aragón, se estrenaron en competición y con muy buenas críticas. Especialmente 10.000 Km, una historia de amor a distancia contada a través de las pantallas de ordenador por las que se relacionan los dos únicos personajes, interpretados por Natalia Tena (Juego de tronos) y David Verdaguer que se alzaron con el premio a mejores actores.

Nacho Vigalondo, que ya había pasado por Austin cuando estrenó Los cronocrímenes en el Fantastic Fest, presentó en la sección Visions, con las proyecciones llenas, su tercer filme, primero en inglés, Open Windows, un thriller “en tiempo real”, contado también a través de las cámaras y pantallas del ordenador en el que habla de “nuestra sobreexposición en Internet”.

“Es un el sitio ideal para estrenar cosas. Aquí se lanzó Twitter”, dice el director Robert Rodriguez, que vive y trabaja en Austin y estrenaba Abierto hasta el amanecer, la serie basada en su película que emitirá en su canal, El Rey. “SXSW es lo bastante pequeño como para que se puedan lanzar todo tipo de cosas nuevas, y tiene la suficiente proyección como para que lo que se presenta se promocione a nivel internacional”.

Aún es bastante pequeño, sí, comparado a Sundance en cine o al CES en tecnología, pero la petición que corre por las redes y por el Austin Center es que no crezca más para no perder de vista el objetivo original: ser un lugar en el que las ideas encuentran dónde y cómo ejecutarse, en el que todo el que quiera tendrá una sala y una hora para presentar su aplicación, su película o su disco.

Hay ya tantas posibilidades de encontrar a la nueva Lena Dunham, de acudir al primer concierto de la que será una banda de éxito o de vivir en directo el nacimiento del nuevo Twitter, que en Austin se han inventado un concepto: el FOMO, fear of missing out en inglés, el miedo de perdérselo en español. El miedo a no haber estado donde había que estar.

En cine, además de haber lanzado la carrera de Lena Dunham, SXSW se enorgullece de haber dado voz al movimiento mumblecore; o de haber estrenado La boda de mi mejor amiga, origen del éxito comercial de la comedia femenina. Lo que demuestra también su interés por el cine pequeño e independiente, sin olvidar películas con estrellas a las que invitar a alfombras rojas. Una dualidad reflejada este año con grandes producciones como Neighbors y pequeñas como las españolas 10.000 Km, Open Windows o la americana ganadora del premio del jurado, Fort Tilden. “El festival ofrece muchas posibilidades de relacionarte. Yo vine en 2011 con Sudor frío y conocí a los productores de mis dos últimas películas”, dice Adrián García-Bogliano, el director argentino que presentaba Late phases, su primera película estadounidense.

“La diferencia entre SXSW y lugares como Park City [Sundance] y Toronto es que la cultura y el espíritu del certamen continúa durante todo el año”, dijo el día del arranque Louis Black, cofundador del festival. Junto a él estaba el texano Richard Linklater, miembro de la Austin Film Society que, tras su paso por Sundance y Berlín, llevó su último filme, Boyhood, a Austin. “Tenía ganas de que la vierais, porque esta película se hizo sin salir de Texas”, dijo a una audiencia entregada. Este es un festival hecho por y para el público que paga un mínimo de 467 euros (por el pase de cine) y un máximo de 1.200 (por el Platinum, con acceso a las tres secciones). Por eso, la prensa tiene pocos privilegios, más allá de una sala con ordenadores, café y unos agradecidos masajes gratis. Como el resto del público, los periodistas deben hacer cola antes de las proyecciones, antes de los conciertos y antes de las fiestas, esa otra gran parte del SXSW, no reconocida oficialmente, donde se pueden comer (gratis) los tacos de los que hablaba Lena Dunham.

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