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Un oasis botánico en Sinaloa

El jardín de Culiacán acoge más de 1.000 especies de plantas y ofrece un diálogo con el arte contemporáneo

'Game Over', del belga Francis Alÿs. Ver fotogalería
'Game Over', del belga Francis Alÿs.

La victoria amazónica es una planta de la familia de los nenúfares, original del río Amazonas. Crece sobre el agua, sus hojas pueden alcanzar un metro de diámetro y su flor se abre durante la noche y se cierra en las mañanas. También era la espina clavada en el corazón de Carlos Murillo Depraect. Ingeniero civil de profesión y botánico por afición, viajó por numerosos países debido a su trabajo y también por placer, haciéndose con una importante colección de plantas que instaló en Culiacán (Sinaloa), la ciudad mexicana de la que era originario. Hace casi tres décadas, la colección se convirtió en el jardín botánico de la ciudad. Murillo Depraect consiguió palmas, bambúes y cactus, pero la victoria amazónica se le resistió hasta el final de sus días puesto que no parecía ser compatible con el clima seco de Culiacán.

Los visitantes que ahora acuden al botánico pueden observar las imponentes hojas de la victoria amazónica flotando en uno de los primeros estanques del recorrido, algo que no pudo hacer su fundador. Después de muchos intentos, han conseguido que la especie se reproduzca por primera vez en México. Es una rareza en el país, donde no se puede observar otro ejemplar, al igual que también este jardín botánico es singular gracias a la combinación entre su colección de plantas y su muestra de arte contemporáneo.

El jardín botánico de Culiacán es un oasis en una ciudad ruidosa en la que predominan las construcciones grises. Diez hectáreas que albergan más de 1.000 especies de plantas (el 80% son foráneas) y que permiten pasar del desierto al jardín tropical. Entre las plantas, aparecen desperdigadas las obras de la colección de arte moderno que se funden con el paisaje. Uno, muchas veces, ni las ve. Pero ahí está el columpio del mexicano Marco Rountree sobre el que crecen las bugambilias o el armazón de acero del danés Olafur Eliasson bautizado como The flower archway (el arco de las flores).

“La conjugación entre la naturaleza y el arte contemporáneo producen una oferta que no tiene comparación en México”, explica Carlos Murillo Michel, director de la Sociedad Botánica y zoológica de Sinaloa - de quien depende el jardín - e hijo de su fundador, el ingeniero Murillo. “El arte contemporáneo propone reflexiones sobre temas de actualidad. Creemos que nuestro jardín puede ser un elemento generador de cambio y de impacto social en una ciudad con una idiosincrasia muy particular”.

Idiosincrasia es el eufemismo que Carlos Murillo utiliza para referirse al narco. Culiacán es la capital de la narcocultura y está íntimamente ligada a la historia del cártel de Sinaloa, liderado por el todopoderoso Chapo Guzmán, hasta que fue detenido el pasado mes de febrero. “Una apuesta tan importante como la nuestra ayuda a refrescar la percepción de la ciudad hacia el exterior”, dice Murillo.

La colección de arte contemporáneo está formada por las obras - algunas aún en instalación - de 37 artistas de varias nacionalidades. También los hay locales, como Teresa Margolles, natural de Culiacán. Su obra está impregnada por la denuncia contra la violencia y su aportación al botánico de la ciudad es un conjunto de bancas de “cemento mezclado con el agua en el que se lavaron cadáveres de personas asesinadas”, como dice en su inscripción. Las obras se eligieron bajo la curaduría del mexicano Patrick Charpenel, director del recientemente inaugurado Museo Jumex - una ambiciosa apuesta que quiere poner a México en el mapa del arte contemporáneo - y pertenecen a la colección del matrimonio formado por Agustín e Isabel Coppel. Agustín Coppel es el hombre al frente de la cadena de grandes almacenes mexicanos que llevan su apellido. También natural de Culiacán y miembro del Patronato que gestiona el jardín de la ciudad, es uno de los promotores  - junto a Carlos Murillo -  de la apuesta por la fusión entre el botánico y el arte contemporáneo y a la vez accesible para los visitantes.

Durante años, el Volkswagen Beetle (o escarabajo) fue uno de los modelos más habituales en las carreteras mexicanas. Conocido como vocho, en 2003 se fabricó el último en todo el mundo en una fábrica del Estado de Puebla. El artista belga Francis Alÿs se movía en su vocho del 91 por México DF y decidió que la mejor manera de honrar la memoria de este símbolo era que no acabara en un desguace. Así, condujo hasta Culiacán y estrelló el vehículo contra un ejemplar de Huanacaxtle u “oreja de elefante”, un árbol grande y alto con un tronco ancho que crece en el jardín botánico. La naturaleza, imparable, ha comenzado a colonizar la carrocería. Las plantas trepan y se cuelan por las ventanillas hasta los asientos. “Algún día, dentro de no mucho, el vehículo estará completamente cubierto por las plantas”, explica la guía del jardín. Francis Alÿs bautizó su obra como Game Over.

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