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Los lugares de Cézanne

El comisario de la muestra en el Thyssen recorre los espacios que inspiraron al artista francés

El taller de Cézanne en Aix-en-Provence. Ver fotogalería
El taller de Cézanne en Aix-en-Provence.

"Aquí tuvo que ser". Durante tres días de enero, el director artístico del museo Thyssen, Guillermo Solana, comisario de la exposición sobre Cézanne site / non-site (del 4 de febrero al 18 de mayo), se dedicó a rastrear los lugares que recorrió el pintor francés, en busca de los paisajes —con sus senderos, montañas, laderas y árboles— que dominaron la mitad de su producción. Solana buscó las huellas del artista de Aix-en-Provece (1839-1906) y en algunos casos comprobó con satisfacción que casi todo estaba tal y como él lo había dejado.

Desde Marsella, Solana se trasladó en autobús a la localidad natal de Cézanne. Incansable en Twitter, contó con fotos su recorrido siguiendo los pasos del autor de óleos como Casa en Provenza. "El primer día paseé por Aix-en-Provence, una ciudad pequeña, bonita y clásica, un poco provinciana". Solana visitó el último estudio que tuvo Cézanne, situado a las afueras de la población, una bucólica casita de dos plantas con jardín en la que pintó Retrato de un campesino, una de sus últimas obras. Ese mismo hombre sin rostro y que cruza las piernas despreocupado es el que recibe a los visitantes de la monográfica del Thyssen —la primera en tres décadas en España—. "Es uno de los encantos de la casa, ver que la terraza en la que pintó aquella obra se conserva igual".

"Este atelier, que hoy no es propiamente un museo pero conserva objetos que usaba Cézanne, es una casa que mandó construir en 1901 y que usó a partir del siguiente año". El genio se había vuelto por entonces un hombre hosco, que estaba más a gusto entre árboles que entre personas, y aquel hogar lo utilizó como puente de mando "para explorar el paisaje". Desde allí veía la montaña de Sainte-Victoire, ese macizo calcáreo que le sirvió repetidamente de modelo. El estudio fue también el lugar en el que concentrarse en sus naturalezas muertas, a las que trasladaba en su composición las formas que había retenido su mente en los paseos campestres. Solana completó su caminata emulando al artista, subió hasta la colina donde el pintor solía pararse a crear: Les Lauves.

En Le Tholonet encontró otro de los motivos favoritos de Cézanne: la cantera de Bibémus

La ruta Cézanne continuó al día siguiente en Le Tholonet, "un pueblo a seis kilómetros de Aix". En sus senderos pedregosos gastó sus suelas el artista y allí encontró Solana otro de los motivos favoritos cezannianos, la cantera de Bibémus, "un sitio pintoresco de la época romana" pero en el que el caminante chocó con un imprevisto: solo se puede visitar la cantera una vez por semana.

La siguiente parada sorprendió al taxista que llevaba a Solana. "Gardanne no es sitio turístico, aquí no viene nadie", le dijo el conductor. Es un pueblo grande en el que el pintor vivió dos años con su mujer, una relación que no aprobaba su padre. "En Gardanne hay una zona de calles estrechas y otra, a las afueras, más industrial". En la iglesia, que mira a las casas desde lo alto, fijó su atención Cézanne. "Él la pintó con más verticalidad, en realidad no está tan arriba".

La última jornada la dedicó el comisario a un pueblo a quince minutos de Marsella: L'Estaque. Es una población pesquera en la que el turista puede encontrar un mayor parecido a la época de Cézanne, como puede verse en la imagen número 7 de la fotogalería que acompaña el texto. "Allí me encontré con casas pobres y también con residencias burguesas del siglo XIX". En lugares como el puerto o el viaducto parece que el tiempo no ha pasado desde que Cézanne dejó allí su huella pictórica.

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