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BALANCE DE UN AÑO DE CINE

¿La creatividad? Bien, gracias

Estos 12 meses han estado marcados el IVA, el precio de las entradas y la hostilidad del Gobierno, pero también, y pese a todo, por destellos de gran cine

¿La creatividad? Bien, gracias

Buen año para el cine, mal año para los cines. Mal año para la cartera de los espectadores, buen año para el Ministerio de Hacienda, o por señalar, para las cuentas que lleva Cristóbal Montoro. Y sí, otra temporada en la que la industria ha hablado más del consumo del cine que de su creación. De la cacareada Ley del Cine ni se sabe ni contesta. Eso sí, se la espera.

El rugido que surge desde Internet ha ido acercándose en oleadas a los pies del público español: hace una década cualquiera podía hacer un corto, hace un par de años cualquiera podía marcarse un largo y estrenarlo en la web, y hoy empiezan a surgir filmes variados y de calidad que del lado online saltan a la pantalla de toda la vida. Mientras la distribución tradicional española se da de tortas en su guerra de precios —que solo redunda en el espectador en operaciones puntuales—, los visionados online, las cinetecas, las filmotecas, las salas alternativas viven sus momentos de gloria. Directores de festivales, cineastas como Jonás Trueba con su Los ilusos, o creadores de iniciativas como la deslumbrante #Littlesecretfilm señalan otro camino en el que el público empieza a aventurarse: de repente lo que estaba en el margen, en la ribera del río deviene en centro. Carmina o revienta no es un ejemplo generalista, pero sí una señal... y por ahí entra hoy mismo Gente en sitios, de Juan Cavestany. Tras su increíble paso festivalero otoñal, el fenómeno de Internet da su pequeño paso hacia las salas comerciales, antes de aparecer en DVD y en la Red en quince días.

Tanto hablar de si el futuro del consumo del cine sería en tabletas, móviles con grandes pantallas y cualquier dispositivo portátil, y llegó la Fiesta del Cine. En tres días, entre el lunes 21 y el miércoles 23 de octubre, se vendieron la apabullante cifra de 1.573.412 entradas, a 2,90 euros, es decir, siete veces más que los mismos tres días de la semana anterior, y con el doble de asistentes que en la Fiesta del Cine de 2012. Resulta que no eran las pelis o la comodidad del hogar, sino el precio. Colas en las taquillas, que se repitieron cuando en noviembre las cadenas Yelmo y Cinesa decidieron por su cuenta repetir una oferta parecida para gran cabreo del resto de los exhibidores, que planeaban una respuesta, sino única (es ilegal por las leyes de la competencia), sí consensuada por el sector. Cortocircuito en la oferta, espectador que sigue comprando caro.

En cuanto al IVA al 21% y a la piratería, las cosas no han cambiado mucho. El Ministerio de Hacienda empieza a emitir ciertas señales de que “tal vez, a lo mejor, en 2014” baje el impuesto. Pero a pesar de que sigue el descenso de espectadores. Este año las salas recaudarán unos 500 millones de euros; 114,20 millones menos que en 2012, 135,85 millones menos que en 2011. Es decir, a duras penas se alcanzarán los 80 millones de entradas vendidas. Pero diversos cálculos de profesionales del sector confirman que con ese 21% el Ministerio de Hacienda recaudará 88 millones de euros, tres veces más que con un 8% de IVA. No importa que para lograrlo se asfixie a la gallina de los huevos de oro.

¿Y el cine? Pues muy bien en lo creativo, gracias. Mientras haya películas como La vida de Adèle, Amor, La noche más oscura, Doce años de esclavitud, Django desencadenado, Después de mayo, Searching for sugar man, Antes del anochecer, La gran belleza, Gravity, Bestias del sur salvaje o The act of killing. Mientras alguien apueste por Mapa, Las brujas de Zugarramurdi, La gran familia española, La herida, Caníbal, Stockholm, Vivir es fácil con los ojos cerrados o Tres bodas de más, habrá esperanza. Siempre encontrarán su espacio nuevos directores, intérpretes incipientes, guionistas talentosos o productores ilusionados. Lo que ya no habrá más son películas nuevas de Elías Querejeta, el Productor, que falleció el 9 de junio. Y ahí sí duele 2013.

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