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Alberto Schommer, Premio Nacional de Fotografía 2013

El fotógrafo, de 85 años, dedica el premio a su mujer, fallecida recientemente, y recuerda "con orgullo" los retratos psicológicos que realizó para EL PAÍS SEMANAL

El fotógrafo Alberto Schommer posa con una de sus obras de la serie 'Fermento: Jerez 1982'
El fotógrafo Alberto Schommer posa con una de sus obras de la serie 'Fermento: Jerez 1982'

Alberto Schommer (Vitoria, 1928) es de los que cree que el retrato es la mejor manera de contar una historia. La del retratado y la de su entorno social y cultural. Esa manera de entender el género es, precisamente, la que le ha hecho merecedor del Premio Nacional de Fotografía 2013. El jurado ha destacado su “continuada trayectoria fotográfica durante más de cincuenta años, en la que no solo ha abordado todos los temas, sino que también ha innovado en el medio, desde el punto de vista técnico y experimental; siendo testigo de la transformación cultural y social de nuestro país”.

 Schommer recibe con alegría a duras penas contenida la noticia del premio y lo dedica a su mujer, Mercedes Casla, fallecida hace poco más de dos meses. “Ella fue mi apoyo y empuje permanente y temía que se olvidaran de mí, como le ocurrió a Oriol Maspons. El premio me alegra mucho, pero sobre todo por ella”.

Autor presente en la fotografía española desde los últimos coletazos del franquismo, en diarios como ABC y EL PAÍS, como a través de un centenar de libros y exposiciones, Schommer ha hecho de todo en este tiempo. Pero de lo que más orgulloso se siente es de la serie de retratos psicológicos en los que los grandes hombres de la economía, la política o la cultura, aceptaban ser retratados en escenarios minuciosamente elaborados por el artista. “Empecé con 18 años siendo pintor y al poco de casarme, supe que lo mío era la fotografía”. “Desde entonces han pasado más de sesenta años y sigo con las mismas ganas y entusiasmo de siempre”.

Como referentes cita a William Klein y a Irving Penn. Cree que su “herencia” para los jóvenes fotógrafos está en su manera de entender el retrato.

“La fotografía no es algo simple y rápido. No consiste en un simple click y a ver qué sale. Hay que pensar y planificar muchísimo la fotografía que queremos.La tengo que tener antes perfectamente representada en mi cabeza. La cámara es indiferente”.

Pese a esta última observación, confiesa que casi siempre utiliza la Nikon. “Siempre soy partidario de la fotografía analógica. La digital me sirve para algunos detalles más o menos improvisados. Pero ya le digo que no soy de los que dispara a lo loco”, explica. Sesenta años de trabajo han sido muy enriquecedores para su vida. No quiere escoger un momento. Prefiere quedarse con toda la película. Responde que todavía le quedan muchas cosas por hacer. Y, a los 85 años, avisa: “Estoy trabajando en un proyecto que sorprenderá a todos”.

Previsor como es, ya se ha puesto a pensar en la exposición que conlleva el premio, además de los 30.000 euros. Quiere que sea en el Museo del Prado. “Pondré una decena de retratos grandes, de dos metros de alto por 0,80 de ancho”. ¿Y quiénes serán los retratados? “Pues esa será una sorpresa que por el momento no pienso desvelar”, contesta misterioso. El jurado estuvo formado por Josep Benlloch Serrano, Catherine Coleman McHugh, Laura Manzano Méndez, Matías Nieto Koenig, Carlos Pérez Siquier, Roxana Popelka Sosa Sánchez, y Begoña Torres. Actuó como presidente Jesús Prieto, director general de Bellas Artes y Bienes Culturales.