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No lo llamen ‘power pop’

Los Posies reivindican con una gira de diez conciertos su legado como una de las bandas más influyentes de los noventa

No lo llamen ‘power pop’

Hubo una época en la que medio planeta puso sus ojos en los músicos de una ciudad portuaria de medio millón de habitantes del noroeste de los Estados Unidos. A las grandes compañías le empezaron a interesar los grupos alternativos del Seattle de los noventa, sus guitarras distorsionadas y la angustia juvenil contenida en las canciones de Mudhoney, Soundgarden, Nirvana... “Nosotros éramos las ovejas negras: teníamos voces bonitas”. Jon Auer, guitarrista, vocalista y compositor, rememora cómo The Posies, la banda que colidera junto a Ken Stringfellow desde esos años, no optó por el grunge de sus vecinos. Lo suyo eran las melodías risueñas y las armonías vocales de clásicos como los Hollies o Crosby, Stills & Nash. “Eramos un grupo de los sesenta equivocado”.

Tras años de idas y venidas, encuentros y desnecuentros, Auer y Stringfellow vuelven a juntarse –con la formación original– para interpretar en 10 fechas (a partir del 1 de noviembre en el Monkey Week de Puerto de Santa María) los discos Froasting on the beater (1993) y Amazing disgrace (1996), de acuerdo con los manuales del estilo, dos de las piedras angulares del power pop de los noventa. “¿Ha dicho power pop?” Un momento: ellos recelan de la etiqueta, con la que, al fin y al cabo, se les ha etiquetado en los últimos treinta años. Tienen debilidad por las melodías del pop más clásico (Beatles, Beach Boys, Byrds), pero eso sí, a un cierto volumen. “La gente a veces decide lo que somos antes de escucharnos”, explica por teléfono el otro líder del grupo, Ken Stringfellow. “Quiero que sea difícil categorizarnos, nunca quise ser un músico que viviese siempre en la misma sección de la tienda de discos”.

Ellos defienden que les quedaba lejos toda la cantinela de la rabia adolescente. A ellos, cuanto todavía vivían en Bellingham, una localidad cercana a Seattle, lo que les gustaba era la nueva ola británica de los ochenta, el punk alternativo de bandas como Husker Du y, claro, los viejos vinilos de sus padres. “No había nada: no existía Internet, ni Spotify, nada. Yo crecí con las radios de pop de los setenta, crecí escuchando a los Bee Gees, los Carpenters… cosas así. Así que tenía en la cabeza una mezcla extraña de Black Flag y Abba, que tenía sentido para mí”, cuenta Stringfellow, que compagina sus esporádicas reuniones con los Posies, igual que Auer, con proyectos en solitario y trabajos con otras bandas –fue durante años músico miembro no oficial de R.E.M.– .

“Fueron buenos días, sí. Echo de menos que todo era nuevo”, rememora al teléfono Auer. “Pero las cosas han cambiado mucho también en el mundo de la música, con lo que costaba hacer un disco entonces ahora puedo hacer 30”. Tuvo que ser vertiginoso para unos veinteañeros recién instalados en Seattle pasar de actuar en garitos a refundar Big Star, acaso la banda más venerada del power pop de los setenta, que gracias a ellos, vivió una segunda juventud. Una banda emblemática de la que, pese a las similitudes formales, ellos ni habían oído hablar. Recordemos, eran tiempos en los que Spotify sonaba a ciencia ficción: “Cuando sacamos nuestro primer disco la gente nos decía 'tenéis que escuchar a Big Star, si conseguís encontrar sus discos”, rememora Stringfellow. “Fue escuchar la canción September gurls y alucinar”, añade Auer. “Es como si hubieran sido amigos toda tu vida. No sé por qué esa canción no fue un éxito masivo en su época”.

Las fechas de la gira

  • 1 noviembre, Puerto de Santa María, Cádiz – Monkey Week
  • 2 noviembre, Puerto de Santa María, Cádiz – Monkey Week
  • 3 noviembre, Valencia – Loco Club
  • 4 noviembre, Madrid – El Sol
  • 5 noviembre, Madrid – El Sol
  • 6 noviembre, León – Espacio Vías
  • 7 noviembre, Vigo – Estación Marítima
  • 8 noviembre, Gijón – Sala Acapulco
  • 9 noviembre, Irún – Teatro Amaia
  • 10 noviembre, Barcelona – Razzmatazz 

Tal vez porque, insiste Jon Auer, estaban en el lugar equivocado en el momento menos idóneo. “Si miras a Big Star, era una banda pop en un sello de música soul [Stax]. No era el clima ni el tiempo adecuado. Algo parecido nos ocurrio a nosotros.” Efectivamente, Nirvana no era, ni mucho menos, el paradigma de las armonías vocales. Aunque, en el fondo, no estaban tan lejos. “Nirvana tenía ese componente heavy, pero melodías increíbles”, expone Stringfellow. “Como Lithium, que es una melodía pop por la que morir”. ¿Qué piensa su compañero durante décadas del tema? “Nirvana tenían canciones pop tocadas muy rudamente. Lithium, por ejemplo”.

Parece que se han puesto de acuerdo, pero no. Llevan casi un año sin verse, viven en distintos países, se han separado y han vuelto a unir fuerza varias veces y siguen pensando (casi) lo mismo. “¿Ken dijo lo mismo?”, se asombra Auer. “Hemos llevado vidas separadas mucho tiempo, crecimos juntos y necesitábamos esa separación. Es divertido, porque muchas veces decimos y pensamos lo mimos sin darnos cuenta. Creo que hay una razón por la que nos juntamos y seguimos haciendo cosas juntos”. En ocasiones les ha costado soportarse, pero Ken Stringfellow lo resume de otra manera: “Quitando a mis padres, no he tenido ninguna relación tan larga”.

Treinta años después de su primer encuentro como adolescentes, siguen juntos en la carretera. “Será un poco como si fuésemos extraños, aunque realmente seamos como hermanos”, profetiza Stringfellow. “No tengo ni idea de cómo será”, opina Auer. “Puede ser surrealista a veces, como una película sobre una gira de rock'n'roll dirigida por David Lynch”.