“Sabernos manipulados puede hacernos más fuertes”

La escritora gana el Planeta con 'El cielo ha vuelto', una novela "sobre la sospecha".

Clara Sánchez levanta el trofeo del premio Planeta, ayer en Barcelona, mientras aplauden (de izquierda a derecha) Pere Gimferrer, Alberto Blecua, José Manuel Lara y Artur Mas.
Clara Sánchez levanta el trofeo del premio Planeta, ayer en Barcelona, mientras aplauden (de izquierda a derecha) Pere Gimferrer, Alberto Blecua, José Manuel Lara y Artur Mas.Massimiliano Minocri

Dice Clara Sánchez (Guadalajara, 1955) que lo que le gusta más de las personas es lo que barruntan en su mente, el cómo y el porqué. Y exteriorizando eso a partir de detalles que sus personajes van depositando sutilmente por las páginas, ha ido creando a lo largo casi ya de un cuarto de siglo una obra literaria que ha pespunteado con diversos premios como el Alfaguara de novela (Últimas noticias del paraíso, 2000) y su exitoso Lo que esconde tu nombre (premio Nadal, 2010). Ayer esa exitosa mirada femenina del mundo y de la que se siente tan orgullosa fue coronada, en lo popular, con el premio Planeta por El cielo ha vuelto, donde una top-model cambiará su manera de mirar la vida y a los que le rodean a tras saber que alguien de su entorno desea matarla.

Pregunta. El cielo ha vuelto es un relato sobre la sospecha y la manipulación, que llevan inevitablemente a la desconfianza. ¿Se trata ésta de un símbolo de nuestros tiempos?

Respuesta. Digamos que Patricia, la protagonista, vive de una manera particular e íntima algo que sucede a nivel general: en los últimos tiempos tenemos que asumir una nueva forma de desconfianza que no conocíamos. Pongamos el caso de los que han sufrido el asunto de las preferentes, que confiaban en su banco, que se echaban en manos del director de su sucursal, para sentirse luego estafados y abandonados. Hemos vivido una cierta inocencia, nos parecía que ciertos estamentos no nos iban a engañar. La parte buena es que ahora somos más conscientes de que tenemos que manejar nuestra vida nosotros mismos, y no dejarnos manipular.

P. ¿Este desvelamiento lleva hacia la lucidez o hacia la crueldad?

R. Eso me pregunto en la novela. La conciencia que tomamos de la manipulación que sufrimos que nos genera esa desconfianza, puede hacernos más fuertes o más débiles según como la enfoquemos. También puede otorgarnos un mayor grado de libertad e independencia. Ese es el proceso por el que pasa Patricia: cuando la vidente le dice que alguien cercano a ella desea que muera se da cuenta de que las personas de su alrededor no son lo que parecían, o que ella no había logrado penetrar verdaderamente en el fondo de sus personalidades. Y tiene de alguna manera que desenmascarar su propia vida. Nos damos cuenta de la mano de Patricia de lo doloroso que puede resultar precisamente ese desenmascaramiento. La emoción en sí misma es muy vampírica.

P. La elección de una top model como protagonista se le ocurrió hojeando una revista de moda en una peluquería. ¿Otra metáfora de la sociedad?

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R. Las modelos posan con una mirada bastante neutra, pero en aquella fotografía me pareció que tenía miedo en los ojos. Eso hizo que me preguntara qué había detrás de ese temor. La modelo es el ejemplo perfecto de aquello que es visible y a la vez está invisibilizado. Es una imagen, y nunca consideramos que esté dotada de espíritu, de pensamientos, de voz. Pero esa imagen puede mover a las masas: influye en modas, tendencias, deseos. Para mí estas modelos son la culminación de un mundo en el que nos acostumbramos muy rápido a cosas que ni siquiera conocemos.

P. ¿Tiene El cielo ha vuelto algo de novela social?

R. Mis novelas en general no son ni militantes, ni políticas, ni sociales. Pero obviamente no suceden en una atmósfera cero. Un elemento importante es su vínculo con el trabajo. Lo que le ocurre a la modelo en su trabajo puede llegar a pasarnos a todos: vernos amenazados y sentir una angustia psicológica muy importante.

P. ¿Se acerca más entonces a la literatura del detalle o psicológica?

R. Yo lo describiría como novela de intriga psicológica. Lo que me importa de las personas es su mente, cómo viven el mundo y cómo lo mueven a través de sus deseos. Creo que hago una literatura existencial.

P. La editora española de la última premio Nobel Alice Munro, Silvia Querini, dijo que la ‘mirada femenina’ implica hacer preguntas sobre la vida sin tener la respuesta preparada. ¿En qué se caracteriza para usted esa mirada?

R. Me identifico con esa definición. No creo que sea nada peyorativo, porque hay escritoras muy importantes que, con lo que podríamos llamar una ‘mirada femenina’, han calado verdaderamente y han explicado el mundo contemporáneo. Mujeres extraordinarias como la misma Alice Munro, Willa Cather, Natalia Ginzburg, Flannery O’Connor y Carson McCullers. Con las incertidumbres de Patricia pueden identificarse hombres y mujeres, no obstante. ¿Es que un hombre no puede tener una relación tóxica, o miedo a que le desbanquen en su trabajo, o no se siente manipulado por cincuenta mil cosas?

P. Sus dos últimos libros hasta ahora, Lo que esconde tu nombre y Entra en mi vida libros ha obtenido un aumento espectacular de ventas en relación a su obra anterior, tanto en España como fuera. ¿A qué lo atribuye?

R. No sabría decir el porqué exacto, pero es tremendamente reconfortante, ahora que llevo publicando casi 25 años. Soy una escritora vocacional y podríamos decir que romántica. No porque escriba novelas románticas, sino porque tengo una idea romántica de lo que es la literatura: tratar de encontrar un lugar en el universo donde unir trozos de la realidad para darle un poco de sentido. Creo que éste es un premio merecido y llega en un momento muy positivo de mi vida. El Planeta es mío.

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