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CRÍTICA: 'KON-TIKI'

El viaje polinesio de Tintín

El viaje polinesio de Tintín

Dispuesto a demostrar que los primeros pobladores de la Polinesia provenían de Perú, y no de las costas asiáticas, el antropólogo noruego Thor Heyerdhal enroló, en 1947, a una tripulación de cinco hombres sobre una embarcación de madera, construida con los materiales usados por los indígenas, para emprender un viaje de 4.300 millas sin otra ayuda motora que las corrientes marinas.

La experiencia quedó glosada en un libro de éxito y en un documental que obtuvo un Oscar en 1951. El tándem de directores integrado por Joachim Rønning y Espen Sandberg —que debutaron con el pintoresco western Bandidas (2006)— recrea la hazaña en la película noruega más cara hasta la fecha: su sentido de la espectacularidad les ha abierto las puertas de Hollywood para encargarse de la nueva entrega de la saga Piratas del Caribe. Kon-Tiki parece una historieta de línea clara, sin sombras ni claroscuros, donde Heyerdahl ejerce de obcecado Tintín adulto. El conjunto dosifica bien sus golpes de efecto, pero tiene sus aspavientos formales gratuitos (el momento Google Earth) y un final donde el héroe y su esposa en retaguardia se convierten en plano y contraplano de una puesta de sol capturada con los tonos emocionales del kitsch más imprudente.

KON-TIKI

Dirección: Joachim Rønning y Espen Sandberg. Intérpretes: Pål Sverre Hagen, Anders Baasmo Christiansen.

Género: aventuras. Noruega, Dinamarca, Alemania, Suecia, Gran Bretaña, 2012. Duración: 118 minutos.