Juguemos a arreglar el teatro

Los galardonados con los premios Ceres del festival de Mérida ofrecen soluciones Buscan aliviar el presente y el futuro de un sector en crisis

De pie, de izquierda a derecha, Paco Azorín, Juan Mayorga, Jordi González, Florián Recio, Eva Fernández (tapando a Paco Carrillo), José María Pou, Miguel Ángel Camacho, Emilio Gutiérrez Caba, Viky Peña, Pedro Chamizo y Concha Busto. Sentados de izquierda a derecha Sergio Peris-Mencheta, Nathalie Poza y Nuria Espert.
De pie, de izquierda a derecha, Paco Azorín, Juan Mayorga, Jordi González, Florián Recio, Eva Fernández (tapando a Paco Carrillo), José María Pou, Miguel Ángel Camacho, Emilio Gutiérrez Caba, Viky Peña, Pedro Chamizo y Concha Busto. Sentados de izquierda a derecha Sergio Peris-Mencheta, Nathalie Poza y Nuria Espert. Jero Morales

Es sabido que a las gentes del teatro les gusta jugar. Por eso ayer propusimos a un puñado de grandes profesionales un juego. Les invitamos por un rato a ser demiurgos. A imaginar la posibilidad de una utópica pregunta de un, aún más utópico, presidente de gobierno deseoso de saber qué harían ellos para resolver los males del teatro en estos tiempos críticos.

Los aprendices de Brujo eran Nuria Espert, Vicky Peña, José María Pou, Nathalie Poza, Emilio Gutiérrez Caba, Juan Mayorga, Sergio Peris-Mencheta, Concha Busto, Jordi González, Paco Azorín, Miguel Ángel Camacho, Eva Fernández, Pedro Chamizo, Florián Recio y Fernando Ramos, todos ellos nombres del palmarés de los premios Ceres, entregados anoche como cierre de la 59º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Unos galardones que nacieron el año pasado no exentos de polémica, ya que grupos políticos como Psoe e IU consideran que se comen un excesivo presupuesto (600.000 euros), aunque el director de la muestra emeritense, Jesús Cimarro, los defiende diciendo que la gente de la cultura también tiene derecho a trabajar y que esta “fiesta del teatro” revierte muy positivamente en la economía de la ciudad.

Pese a la heterogeneidad del grupo, en una cosa estuvieron de acuerdo: es urgente eliminar el 21% de IVA cultural. Incluso hubo quien señaló que deberían fijarse en aquello que funciona, y lo que no, de los países de nuestro entorno.

Una vez se ponen a jugar, Pou aclara algunos puntos: “Claro que todo esto lo decimos partiendo de la base de que nunca nos llamarían, porque saben lo que diríamos, así que jugamos dando esto por supuesto”, apunto el actor y director, mientras todos sus compañeros añadían: “claro, claro”.

Luego, Gutiérrez Caba abrió fuego. Y lo hizo disparando a bocajarro: “Para que la cosa fuera mejor, en principio Rajoy tendría que dimitir, eso para empezar, y luego ya veríamos. Tienen que cambiar la política cultural entera. Por lo pronto, conseguir que haya una política cultural, que no la hay, y aún así la cambian cada vez que se mueve el gobierno”.

Pou, a su lado, formuló sus deseos: “Yo le pediría que den la atención que el teatro merece. Si tuvieran el nivel normal de sensibilidad necesitarían el teatro, pero viven ajenos a la cultura… Por eso dictan las leyes que dictan, la cultura no forma parte de sus vida y les parece que a los ciudadanos les pasa lo mismo”.

Es Camacho quien abre el melón de la relación entre teatro y educación: “Hay que potenciar el teatro en los institutos, en los colegios y las escuelas de arte dramático deberían pasar a ser universidades; todo eso ayudaría a formar hábitos teatrales y todos saldríamos beneficiados, eso también es hacer política, aunque el PP no lo hará”.

Hay materias en las que, coincide Espert, conviene apartar a los políticos y dejar paso a los expertos: “Sobre todo en sanidad, educación y cultura, que son los pilares del bienestar, del futuro de este país; Rajoy debe saber que a lo mejor puede ir dando bandazos y cometer errores económicos y de otra índole, de los que se puede salir, pero en esos tres territorios los errores son irreversibles, y tengo la certeza de que las gentes que están al frente de la educación, la sanidad y la cultura, no dominan las materias y no creen que sean prioritarias”.

Sus compañeras de oficio, Nathalie Poza Vicky Peña (ataviada con una camiseta en favor de la marea verde por la educación) añadieron entonces un elemento nuevo al debate: “Es fundamental la búsqueda de “equilibro entre teatro público y privado y hay que distribuir esos teatros nacionales que solo se ven en Madrid y Barcelona, eso está muy mal, se pagan con el dinero de todos”, dijo Peña, quien cree que para facilitar estas cosas habría que poner al mando de cultura a alguien que pertenezca al ámbito de la cultura: “No a un gestor, sino una persona creativa, culta, con vocación de servicio público, dialogante y, fundamental, que sea del gremio”.

Poza ni tan siquiera se atreve a jugar: “Es que no me lo puedo creer, lo que importa es seguir haciendo arte, el que sea, al margen de las instituciones, como hemos hecho siempre, y si no nos dan la libertad, la cogemos”.

Luego, el dramaturgo Juan Mayorga aprovechó su turno para contar una historia que ha recordado cuando la semana pasada le han concedido el Premio La Barraca: “Lo que les encargaron, a Ugarte y Lorca, en el contexto de las Misiones Pedagógicas, era llevar el teatro donde el teatro no llegaba y les dieron el apoyo no solo moral; el propio Lorca, que ya era famoso, se arremangó y no llevó cualquier teatro, sino los grandes clásicos… Me parece un proyecto tan extraordinario… consideraban que la cultura no es un privilegio, sino un derecho y una necesidad. Si Rajoy escuchara esta historia, vería que es muy buena, española y feliz, y lamentablemente interrumpida. Cabe aprender de ella que si el teatro entrase en la escuela, porque se convierte en un acto de responsabilidad y libertad para el niño, un trabajo en equipo, donde elaborar experiencias e imaginar y pensar que las cosas pueden ser de otro modo; llevar el teatro a la escuela es bueno para todos, porque instala la imaginación en la escuela, y la imaginación es el nervio de la sociedad y lo que hace pensar que nosotros mismos podríamos ser de otra manera”.

Azorín vislumbra una solución que lanza en este utópico juego: “Tendríamos que jugarnos todo a una carta, la de la educación; es fundamental educar a la gente para el uso de lo que es público. El teatro debería tener un Iva progresivo, como el de Francia [se paga un 2%, pero si el montaje triunfa se le aumenta]; aunque algo habremos hecho mal; habrá que insistir en explicar que la cultura tiene que ser tan importante en nuestra dieta como la televisión o el deporte”. A la autocrítica se suma también Concha Busto que dice que el sector está pagando muy caro el haber regalado la cultura: “Lo iniciaron los socialistas y ahora lo estamos pagando con sangre, porque hemos sido nosotros mismos los que hemos provocado la inflación del mercado, como ocurrió con los pisos, pero claro, nos era más cómodo, ya no podemos vivir del precio de la butaca, y antes sí”.

La autocrítica tampoco falta: “Hemos sido muy indulgentes con la administración, hemos dejado crecer macromonstruos, hemos regalado las cosas y esa sí es nuestra culpa”, reflexiona Gutiérrez Caba. A su lado, Peris-Mencheta, asiente con un pegadizo eslogan: “Menos llevar el colegio a los teatros y más llevar el teatro a los colegios”. Y luego, añade: “A mí esto de que no haya un duro en cierta forma me provoca y me pone, me enciende la mecha más allá de que sé que las cosas están como no deberían estar”.

Jordi González, de la productora Focus, recuerda que el teatro si se inculca por obligación puede ser contraproducente, por lo que la propuesta que le lanza al presidente del gobierno es que a los chavales se les motive con la misma fuerza para ir al teatro que al fútbol: “Se podría empezar porque en los medios de comunicación públicos el mismo tiempo que se emplea para hablar del deporte, se dedique a la cultura”.

Una cultura que no puede dejarse en manos de cualquiera, como apunta Eva Fernández que le sugeriría a ese presidente de gobierno, que por fin le iba a escuchar, que las direcciones de los teatros no dependieran de cargos políticos: “Enchufan en esos puestos a los de su grupo que tiene que colocar y su gestión es pésima”.

La productora Concha Busto va más allá y lanza una propuesta que apoyan muchos en la profesión escénica: “Al frente de los teatros públicos tienen que estar un gestor con un buen equipo, y que se mantenga, mientras que lo que pueden ir cambiando son los directores artísticos, que esos sí pueden buscarse entre los creadores”.

Como tiene que ser, Pedro Chamizo, premio de la juventud, defiende a su sector: “Si no se dan cuenta de que no tienen ninguna empatía con los jóvenes, ni tienen previsto hacer nada con nosotros, pues que nos dejen hacer lo que queremos hacer”.

El adaptador y el actor y productor de Los Gemelos, Florián Recio y Fernando Ramos, respectivamente, le recuerdan al presidente de gobierno que debe tener paciencia, porque hay que educar en una escuela en la que intervienen todos los profesionales y a un población que no sólo está en las grandes ciudades por lo que consideran fundamental potenciar las redes autonómicas.

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