De ‘Chicago’ a Salzburgo

El coreógrafo Francesc Abós dirige el montaje de ‘El sueño de una noche de verano' El festival austriaco no invitaba a ningún español desde 1966

Ensayo de 'El sueño de una noche de verano', que se presentará en el Festival de Salzburgo.
Ensayo de 'El sueño de una noche de verano', que se presentará en el Festival de Salzburgo. ruth walz

Hace dos años y medio, el director del Festival de Salzburgo, Henry Mason, llamó al coreógrafo catalán Francesc Abós para encomendarle una misión que hacía décadas —desde 1966, cuando Karajan invitó a Mariemma para la ópera Carmen— que no recaía sobre un español: montar El sueño de una noche de verano sobre la música de Mendelssohn (1809-1847), la archifamosa partitura Ein Sommernachtstraumque coreografiaran desde Marius Petipa y Mijail Fokin a Georges Balanchine y John Neumeier.

Abós (Barcelona, 1977) ha eludido las referencias anteriores. “Yo conozco el Sueño de Neumeier y aquí lo que se ha hecho es combinar el texto original de Shakespeare con la música, una labor de encadenamiento, y eso lo hace más interesante. Es una experiencia difícil y enriquecedora. Puck habla de música varias veces…”. Usa una masa heterogénea: “Más que bailarines, son movimientos actorales y corales, e incluyo dos bailarines. Son más de 50 personas en escena, 20 solistas y 28 de coro, los bailarines están integrados entre todos ellos y hay solos de baile. Puck se multiplica en tres. Con los actores ha sido un trabajo intenso de pantomima, eso es más difícil que poner pasos a un bailarín. Y me he traído al bailarín Joaquín Fernández, que ya lo tuve en un musical; hará un doble de Puck y otros”.

Francesc Abós inició sus estudios de baile en Barcelona con David Campos, de donde pasó a la escuela del ballet Hamburgo de John Neumeier. Su trayectoria en el ballet le llevó después al cuerpo de baile del Ballet Nacional de Holanda y más tarde a los grandes musicales con Chicago y Grease en Madrid. Al volver a Alemania bailó en Kiss me Kate, Amadeus y West Side Story, bajo la dirección de Francesca Zambello; también participó en El baile de los vampiros, de Polanski, y como coreógrafo ideó la danza del musical Monthy Pyton's Spamalot.

Su biografía tiene mucho del arrojo del emigrante:Con 16 años lo que quería era bailar y me cogí el InterRail. Quería competencia, chicos en la clase con los que medirme. Entré en 1994 en la Escuela de Hamburgo y Neumeier ya me utilizó enseguida en algunas obras. En el HET trabajé con Rudy van Dantzig, con Hans van Manen, y todo el repertorio, pero me pasé al musical y me fue bien; allí me sentí realizado, y no he parado”. Ahora se ocupa también del cabaret Lío en Ibiza. ¿No están muy alejados el burlesque y el ballet de argumento? “Creo que lo puedo conciliar porque vengo de la disciplina del ballet y es la base de todo”.

El coreógrafo Francesc Abós.
El coreógrafo Francesc Abós.gela megrelidze

En este bregar, la experiencia con Chicago y su designación para la supervisión de la coreografía de Bob Fosse lo marcó: “Para mí ha sido lo más especial que he hecho nunca; de chico me pasaban películas de Fosse y me quedaba maravillado, me sabía las canciones de memoria. Fosse viene también del ballet, de la línea pura y dura de un bailarín. En Londres me conocieron los encargados de preservar el legado coreográfico de Fosse y quedaron encantados conmigo. Bob Fosse es disciplina. Soy perfeccionista hasta el final”.

Volviendo a Shakespeare, a Titania, Oberon o Puck: “¡Sí que tienen cosas que decir en el siglo XXI!, en nuestra versión esos personajes son la magia, pero los reales están vestidos de ropa actual, de civiles contemporáneos. Existen en todas partes del mundo seres como Titania y como Puck”. Pero Francesc no se ha olvidado de las hadas y su mundo: “Eso es divertido de crear, las hemos vestido de niñas del bosque, juegan con los objetos que la gente abandona en la floresta”.

Para el catalán, su carrera de bailarín quedó atrás: “El día de mi 30ª cumpleaños, estaba en Berlín trabajando con Polanski y decidí dejarlo. No echo de meno el escenario, es más gratificante crear”. La preparación tuvo sus momentos de nervios, como siempre en un montaje de esta magnitud, que se representará en seis jornadas de agosto: “Hemos tenido casi 10 días con la orquesta, pero siempre suena a poco. Todo ha sido muy fluido. Es la primera vez que se hace la obra entera”. Y con una estética muy especial: “Hipólita, Teseo, van vestidos como se va hoy en la calle; en el bosque se transforma todo en algo exuberante, objetos fuera de escala, y llegas a la boda y vuelve a ser realista, una boda inglesa muy refinada”.

Lo extraño es que, salvo en los musicales, Abós no ha recibido propuestas para trabajar en compañías españolas: “Pues no, nunca. Quizás una que no pude hacer por agenda”.

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