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De pie

Las tragedias minúsculas nos obligan a detenernos sobre seres anónimos

La semana pasada murió el futbolista italiano Stefano Borgonovo tras padecer la esclerosis lateral amiotrófica. La ELA es una enfermedad novelística, con un proceso narrativo pautado, cargado de la emoción de un desenlace próximo e ineludible. Lo que aprendes de un enfermo afectado por ella es algo que no olvidas jamás, una especie de lección de vida urgente, pragmática y llena de sabiduría. En esos mismos días, conocí la historia de un chaval que, postrado en una silla de ruedas, avanza a empujones en su escolarización. Las tragedias minúsculas nos obligan a detenernos sobre seres anónimos en esta carrera perdida frente a la actualidad, que es como un camión de basura que nos dejara cada día un contenedor de desechos para que los analizáramos.

Los padres de Luan, que así se llama el niño tetrapléjico, incorporaron a su vida, por orden del médico un nuevo aparato que logra que el niño alcance a estar erguido y caminar solo. No es difícil comprender el impulso de autoestima y la felicidad que un avance así proporciona al niño. La integración, que es una asignatura en la que todos aprendemos a golpes de cercanía de la tragedia, persigue que deje de existir otro mundo para la gente con dificultades distinto al mundo real, al mundo compartido con el resto. Y aunque solo usara el aparato un par de días a la semana, logró recoger su diploma de fin de curso caminando, entre los aplausos de sus compañeros.

Pero en su colegio público de inclusión motora, en Villanueva de la Cañada, no le dejaban utilizar el nuevo aparato, salvo en ocasiones. Es probable que diera demasiado trabajo y ya sabemos que la gran reforma que estamos haciendo en nuestro país consiste en convertir lo más necesario en algo superfluo. Y la ayuda a la dependencia es el primer recorte directo e indirecto, con la reducción de personal y costes. Hasta el niño percibió las dificultades y llegó a comentar que estar de pie solo traía problemas. Quizá estamos más tranquilos con cada cual en su rincón, en la soledad bendecida por un entorno competitivo, regido por la indiferencia ante los problemas de los demás. Luan ha cambiado de colegio. Pero me temo que sería más eficaz cambiar de mundo.