Lluvia y lentejuelas sobre La Croisette

Leonardo DiCaprio, Carey Mulligan y el director Baz Luhrmann protagonizan la primera jornada de Cannes La adaptación del clásico de Scott Fitzgerald inaugura oficialmente esta noche el festival de cine

Steven Spielberg, presidente del jurado del Festival de Cannes 2013, delante del cartel promocional de este año.
Steven Spielberg, presidente del jurado del Festival de Cannes 2013, delante del cartel promocional de este año.regis duvignau (reuters)

Los vendedores callejeros de paraguas —que en esta parte de la Costa Azul son casi todos nigerianos— empiezan a frotarse las manos. La llovizna ha marcado el arranque de la 66ª edición del Festival de Cannes (y según los partes meteorológicos, tiene ganas de quedarse), y ya podían las estrellas posturear por la alfombra roja, que entre el viento y el agua la ceremonia de inauguración, presentada por Audrey Tautou, no arrancó con la magnificencia y la chulería habitual en la entrada por la Croisette al Palacio de Festivales.

Por ese acceso pasearon los nueve miembros del jurado, comandados por Steven Spielberg, que deberán dar su palmarés, entre las 20 películas en competición, el 26 de mayo. El rey Midas de Hollywood se sentará junto a Ang Lee: ambos fueron rivales en los últimos Oscar, y el taiwanés se llevó la estatuilla a la mejor dirección por La vida de Pi. Lee confesó su debilidad por el realizador de Lincoln: “Steven y yo somos amigos. No espero ningún rencor de su parte, porque además es uno de mis héroes”. El mencionado estuvo rápido: “Porque no somos rivales, somos colegas. Y a diferencia de los Oscar, aquí no hay campaña de promoción, lo que es un alivio. Espero que no nos convirtamos en una versión de Doce hombres sin piedad, pero ya veremos cómo acaban las deliberaciones el último día”. Spielberg atraía sobre sí todas las preguntas, y algunos de los comentarios de sus compañeros, como la actriz Nicole Kidman: “Estoy aquí porque conozco a Steven desde hace años, y nunca hemos estado mucho tiempo juntos. Ahora disfrutaré de dos semanas a su lado”.

Es una lectura esencial. Cada línea tiene un mensaje, así que las diseccionábamos y disfrutábamos Leonardo DiCaprio

A ellos, y a sus colegas —la cineasta japonesa Naomi Kawase, los actores Daniel Auteuil, Vidya Balan y Christopher Waltz (que definió su labor de jurado como similar al psicoanálisis, “un diálogo entre el cliente y el médico”), el cineasta rumano Cristian Mungiu y la directora escocesa Lynne Ramsay— les toca decidir quién se lleva la Palma de Oro en una edición marcada con el desembarco, ya sin tapujos, del cine de Hollywood en este certamen, convertido en una pinza franco-estadounidense con algunas películas asiáticas y magrebíes por medio.

A ellos al menos no les tocará juzgar El gran Gatsby en versión Baz Luhrmann. El australiano ha volcado toda su imaginería en un libro que recuperó hace 10 años, “mientras viajaba en tren por Siberia”. A su lado, Leonardo DiCaprio, que se lanza con su sonrisa arrebatadora a crear un Jack Gatsby de altura: “La novela de Francis Scott Fitzgerald es una lectura esencial en la escuela secundaria en Estados Unidos. Cada línea tiene un mensaje, así que las diseccionábamos y disfrutábamos. Es una búsqueda eterna. A mí me emociona El gran Gatsby. Creo que habla de la creación del nuevo estadounidense, de alguien parecido a un nuevo Rockefeller. Me fascina cómo en la novela se pasa de una historia de amor a una tragedia. Cuando me ofrecieron el proyecto, reconozco que volví a pensar en la descripción de Fitzgerald de esa luz verde que anuncia un milagro que nunca llega”.

Más o menos como la búsqueda del alma de la película. DiCaprio, alto, con traje negro, serio hasta que de repente se desmelena a carcajadas, confesó una profunda conexión con el realizador australiano: “Conocí a Baz hace ya casi 20 años, cuando rodamos Romeo + Julieta de Shakespeare. Es grande en muchas cosas, sobre todo por cómo te inspira día tras día en el rodaje no solo para que des lo mejor de ti, sino para que construyas tu sueño a lo grande. No le asustan las historias clásicas, sino que solo se preocupa por no perder la verdad que contienen”. Luhrmann supo devolverle los elogios: “Leonardo, con su interpretación tan pegada al libro, nos recordaba que servíamos a un único dios, la historia”.

En el mercado más grande del planeta, miles de películas buscan comprador

Y mientras arriba, en la planta cuarta del Palacio de Festivales, comenzaba el certamen, en el sótano se iniciaba el Mercado de Cine, el más grande del mundo, donde miles de películas y guiones buscan comprador, vendedor, productor, financiación, distribución y/o exhibición. Por el gran bazar pasan casi todos: Martin Scorsese tendrá ahí varias reuniones con inversores para cerrar la financiación de Silencio, su adaptación de la novela de Shusaku Endo sobre los misioneros jesuitas que en el siglo XVII evangelizaron Japón, y en la que tendrá como protagonistas a Andrew Gardfield y Ken Watanabe. Hasta Scorsese debe enfangarse en los pies de barro en los que se sustenta el gigante del cine, el que se ve unas plantas más arriba en el Gran Teatro Lumière.

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