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crítica de 'el chico del periódico'

Gótico sureño extremo

La entrega de Nicole Kidman en ser más vulgar que ninguna parece palparse desde la platea en esta adaptación de Lee Daniels de la novela de Pete Dexter

Nicole Kidman, en 'El chico del periódico'.
Nicole Kidman, en 'El chico del periódico'.

Hay una secuencia en esta adaptación de la novela de Pete Dexter que le garantiza un lugar a perpetuidad en los anales del cine de vocación extrema y que aporta una buena unidad de medida para calibrar el grado de distorsión con que Lee Daniels, director de Precious, y el propio escritor —aquí coguionista— han tratado el material de partida: Nicole Kidman, en la piel de Charlotte Bess, un flor white trash con afición al intercambio epistolar con presos del corredor de la muerte, orina sobre el cuerpo de Zac Efron, que encarna al perplejo onanista sexy Jack Jansen, para paliar el dolor de las picaduras de medusa que acaba de recibir. Kidman aparta violentamente de la secuencia al grupo de enfermeras que se disponía a realizar la operación para encargarse por sí sola de la terapéutica lluvia dorada. La secuencia de la novela es bastante menos escabrosa, bastante menos espectacular por pura omisión del factor star-system y, sobre todo, porque en el texto no es Charlotte Bess quien orina sobre el cuerpo del muchacho, sino el grupo de enfermeras.

EL CHICO DEL PERIÓDICO

Dirección: Lee Daniels.

Intérpretes: Zac Efron, Nicole Kidman, John Cusack, Matthew McConaughey, Macy Gray.

Género: drama. EE UU, 2012.

Duración: 107 minutos.

Quizá sea mucho suponer que el cambio de guion haya venido determinado por una Kidman dispuesta a llegar hasta el fondo en su encarnación de esa orquídea abisal que le ha tocado en suerte, pero lo cierto es que la entrega de la estrella en ser más vulgar que ninguna parece palparse desde la platea. Poco antes, Kidman y John Cusack ya han protagonizado un momento de sexo post-sexual imposible de olvidar.

En El chico del periódico —siempre quedará la duda de qué tipo de película hubiese hecho Pedro Almodóvar, que estuvo en el proyecto—, Dexter sirve un tenso ejercicio de gótico sureño cargado de tensiones sexuales —no siempre subterráneas— con la lucha por los derechos civiles como telón de fondo capaz de cuestionar viejos roles: la figura de la criada interpretada por Macy Gray frente a la emancipación encarnada en el personaje del periodista Yardley Acheman (David Oyelowo).

La película toma las cuestionables decisiones de darle la voz narrativa a la criada y de devaluar el potencial de la historia entregándose a un sensacionalismo afín al ejercitado en la descaradamente pulp Black snake moan (2006), de Craig Brewer: el resultado es una obra tan aberrante como (quizá involuntariamente) divertida.