Opinión
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La palabra y la ideología

El director teatral recuerda a un hombre alejado por decisión propia de parafernalias superfluas

Imágenes de 'El malentendido', de Camus, estrenada por Guillén en 1969.
Imágenes de 'El malentendido', de Camus, estrenada por Guillén en 1969.

En 1998, creo recordar, Fernando Guillén recibió un homenaje merecidísimo por toda su carrera cinematográfica en el festival de Lorca. Al subir al estrado, hicieron aparición todos sus hijos.Visiblemente emocionados dijeron cosas preciosas sobre su progenitor. Yo pensé, algo habrás hecho bien Fernando, para ser merecedor de tanto amor, admirablemente expresado y transmitido. Sus relaciones y sus tiempos con su Gemma Cuervo, vienen a redondear esta imagen de hombre amoroso, bueno e inteligente.

Qué duda cabe: se nos va un grande de la escena, del cine, de la televisión. Durante seis décadas ha dejado grabada su impronta con interpretaciones memorables y actitudes vitales e ideológicas claras y contundentes. Y siempre con suavidad, con esa ternura de seductor cercano que le acompañó por doquiera que fuese...

No podemos olvidar su arriesgado proceder teatral en tiempos del tardofranquismo, ni su magistral madurez cinematográfica, ni su contundencia televisiva.

Cinéfilo de pro y generoso con sus amigos, con Fernando Guillén se nos va alguien grande como ser humano.

Su bella, íntima, lúcida y emotiva despedida del teatro con el texto de Louis Aragon, en la sala pequeña del teatro Español, no hizo sino confirmar la hondura de Fernando, alejado por decisión propia de parafernalias superfluas, y de coyunturalidades episódicas. Ahí estaba él, con la palabra, la ideología y un hermoso ejercicio de amor teatral.

De gentes como él hemos aprendido muchas cosas y seguiremos aprendiendo. Artísticas y humanas. Y siendo muy grandes las primeras aún lo son más las del hombre honesto y fiel a sí mismo. Gracias, Fernando.

Mario Gas es actor y director teatral.

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