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Velázquez se reencuentra con ‘El Inquisidor’

Carmen Garrido, conservadora del Prado, sitúa la obra en los primeros años del pintor sevillano

'El inquisidor', de Diego Velázquez. Ampliar foto
'El inquisidor', de Diego Velázquez.

Diego Velázquez pintó el retrato de Don Sebastián García de la Huerta, secretario del Tribunal de la Inquisición, antes de su primer viaje a Italia, la etapa menos conocida del artista sevillano. El óleo, de 121 por 101 centímetros, pintado hacia 1628, detalladamente documentado, permaneció en manos de los descendientes del retratado hasta 1929, año en el que fue vendido a un anticuario y adquirido por una familia residente en Latinoamérica. Desde entonces, se le había perdido la pista.

Perfectamente conservado y solo necesitado de una limpieza, el descubrimiento ha sido dado hoy a conocer por Carmen Garrido, jefe del Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado, experta en Velázquez y autora de varias obras sobre el pintor. Garrido detalla su investigación en el último número de la revista Ars Magazine. Un meticuloso análisis técnico realizado en la Pinacoteca Nacional de Munich le sirve a Garrido para celebrar este nuevo descubrimiento en el catálogo del autor de Las Meninas.

Coautora junto a Jonathan Brown de La técnica de un genio, Carmen Garrido no alberga la menor duda de que el caballero de inquietante mirada que fue Sebastián de la Huerta fue pintado por Velázquez. Añade que hubo dos retratos similares inventariados pero que uno desapareció durante la guerra civil española. Este, el que ha sobrevivido, ha permanecido en manos privadas que prefieren permanecer en el más absoluto anonimato y cuyas intenciones de futuro se desconocen.

Garrido relata que su primer contacto con el cuadro fue a petición de la familia propietaria por lo que viajó a Munich, ciudad en la que permanece el cuadro en estos momentos. “Necesitábamos pruebas técnicas, pero en cuanto vi la obra supe que había salido de la paleta de Velázquez. Sus trazos son inconfundibles. Con una pincelada marca el horizonte, pero resuelve las cabezas y, sobre todo, las manos, con unos cuantos brochazos. De lejos, la representación es compacta. De cerca, las formas se diluyen de la misma manera que ocurre con los impresionistas”.

¿Por qué no recurrió al Prado, museo en el que trabaja desde hace 35 años?. “Porque así lo prefirió la familia y porque en Madrid el proceso podría eternizarse”, explica la experta. “Este estudio lo he realizado en mis días libres y fines de semana. Es un homenaje que Velázquez me dedica cuando estoy a punto de concluir mi vida laboral en el museo”.

Sobre el precio que la obra podría alcanzar en una subasta, Garrido es cauta. Solo recuerda que la anterior obra del pintor, también un retrato, fue adjudicada en 3,5 millones de euros. “