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Crisis, ironías y escapismos según la visión de Juan Cueto

'Yo nací con la infamia', la síntesis irónica de su crítica a la intelectualidad española por haber “menospreciado” el mundo audiovisual y de las nuevas tecnologías

Estamos ante una “nueva complejidad para la que se necesitan nuevos instrumentos de análisis” y frente a la cual no cabe “ponerse al margen”, sino afrontarla “metiéndose de lleno en ella” y “sin renunciar a la ironía como una manera vagabunda, distante y no fanática de ver las cosas”. Con esta tesis, Juan Cueto (Oviedo, 1942) proyecta desde Gijón su mirada escrutadora sobre la mayor crisis desde los años treinta con la constatación de que todo aquello que él había alertado ha acabado por materializarse como una “profecía autocumplida”.

De ello da fe Yo nací con la infamia (Anagrama), el libro recopilatorio de textos que, con el nexo temático de su interés por el cine, la televisión, Internet y las nuevas tecnologías, Cueto difundió en las últimas décadas en la revista Triunfo, el diario EL PAÍS y las publicaciones asturianas Asturias Semanal y Cuadernos del Norte.

La ironía asturiana

Cueto toma prestado el verso de Rafael Alberti “Yo nací —¡respetadme!— con el cine” y proclama su Yo nací con la infamia, que no es más que la síntesis irónica de su crítica a la intelectualidad española por haber “menospreciado” el mundo audiovisual y de las nuevas tecnologías y los cambios radicales de producción. “El libro es una mirada periférica sobre la crisis de entonces pero también sobre la de ahora. Porque entonces ya estaba totalmente diseñada la crisis actual”, asegura Cueto. “Estamos ante la crisis de todos los valores de lo que se llamó progresía”, y que arranca en los shocks del petróleo de 1973 y 1979.

“Esta reflexión no se hacía en España entonces y se tomaba además como algo poco serio. Se consideraba una infamia \[de ahí el título del libro\] hablar de todos estos asuntos: de la televisión, el cine, las nuevas tecnologías y de cuanto estuviera relacionado con los factores de modernidad”. Y por eso cree que estamos también ante una “crisis de la progresía”, un término que, como lo glocal y otros vocablos de gran éxito, fue un hallazgo lexicográfico suyo. “La palabra progresía la inventé hace muchos años. Me refería a la flojera mental de la clase progresista española que despachaba con tres tópicos los aspectos de la modernidad. Sigue siendo el discurso dominante, aunque ya no tan de izquierdas”. Y ello se manifiesta, aduce, “en la manera simplona de intentar resolver” el desafío “de las crisis sucesivas”, recurriendo “a la simplicidad falsa en la que se refugian los periodistas”. Los medios de comunicación formarían parte así de una labor de “neoacojonamiento” como “ideología de moda”, contra el que lucha con “la ironía, un humor norteño, asturiano”, emparentado a su vez con "cierto humorismo inglés”.