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Cuando el sol se pone

Camino Laguillo y Miquel Llonch muestran su visión crepuscular de personas y paisajes

'Can Boada IX'. Ver fotogalería
'Can Boada IX'.

Cuando el sol se ponía, cuando las sombras convertían en irreal lo real y en espectros a las personas, los fotógrafos Camino Laguillo (León, 1971) y Miquel Llonch (Terrassa, 1963) decidieron convertirse en observadores de lo que tenían más cerca y cazar con sus cámaras a personajes y paisajes de las ciudades en las que viven, Sevilla, en el caso de Laguillo, y la ciudad industrial de la provincia, Barcelona, en el segundo. El resultado de esos trabajos, que caminaron en paralelo sin ellos saberlo, se expone ahora de manera conjunta hasta el 25 de este mes en la NEW gallery, un espacio nacido en Madrid (C/ Carranza, 6) el pasado 4 de octubre para promocionar "el arte contemporáneo joven español", dice su codirector, Ricardo García.

Las 18 imágenes de Miquel Llonch muestran los campos que rodean su ciudad natal —"han sido siempre mis lugares de refugio y reflexión"—, que empezó a retratar en 2005, "al principio sin una idea preconcebida". Así hasta 2009. "Siento un especial afecto por estos espacios tan frágiles que viven amenazados por la euforia constructora y el crecimiento urbano. Son la frontera de muchos ámbitos: ciudad y naturaleza, luz y oscuridad, ruido y silencio". Es al caer la noche, con esa luz crepuscular, cuando, dice Llonch, "lo real se transforma en irreal".

En este trabajo nocturno, Llonch aprovechó la iluminación urbana y apostó por un tiempo de exposición largo, hasta de varios minutos, para proporcionar ese aspecto "pictórico" a sus imágenes, de gran formato. "Me gusta que la gente se pare a verlas y se fije en los detalles". A medida que avanzó en su trabajo, al que denominó In the fields of gold, Llonch incluyó, en esos mismos parajes oscuros, retratos de sus hijos, amigos y conocidos. "Quería dejar constancia de cómo es lo que hay a nuestro alrededor y cómo lo percibimos, porque dentro de unos años estos lugares fronterizos de las ciudades seguramente no serán así".

Admiración recíproca

Miquel conoció a su compañera de exposición, la leonesa Camino Laguillo, hace un par de años en un festival de fotografía en Lleida. Hubo un sentimiento recíproco de admiración. Mientras Miquel salía a las afueras a fotografiar, Camino se había plantado a comienzos de 2008 en un semáforo de Sevilla, donde reside, bajo un potente foco que iluminaba el interior de los vehículos que transitaban. Durante tres años, Camino se convirtió, siempre al comienzo de la noche, en una observadora de gente anónima cuyos semblantes, bañados en la penumbra y en una vaga luz amarillenta, les confiere un carácter fantasmagórico.

"Me interesaba el efecto caparazón de los coches, que transforma a las personas", dice Camino, que utilizó para este experimento, al que llamó Inward , un teleobjetivo para los seres de esos coches en movimiento a poca velocidad. "Hice miles de fotos, luego hubo un largo trabajo de edición, desechando", porque de las tomas originales sacó formatos pequeños, de 10x15. En la New gallery ha reunido 20 de esas imágenes "en las que cada espectador puede montarse su historia". "Los sentimientos que transmiten esas imágenes son soledad, falta de comunicación... es todo muy inquietante". Lobreguez y belleza para unas fotos, en Sevilla y Terrassa, que, como dicen ambos fotógrafos, "no buscan atrapar la realidad", sino ofrecer un mundo de sentimiento y emoción.

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