El reino de Granada aterriza en Jerusalén

Una exposición lleva a la ciudad vieja la vida de las dinastías zirí y nazarí

Juan Carlos González-Santiago y José Manuel Vera Borja firman las fotos de la exhibición.
Juan Carlos González-Santiago y José Manuel Vera Borja firman las fotos de la exhibición.

En un espléndido baño árabe de época mameluca, en pleno corazón de la ciudad vieja de Jerusalén ha aterrizado el reino de Granada. Una exposición española, dedicada a recrear la vida de las dinastías zirí y nazarí, se inauguró la semana pasada en Jerusalén Este, la parte palestina de la ciudad, asfixiada por el conflicto con los israelíes y en la que la vida cultural resulta casi anecdótica.

En las 30 fotografías que cuelgan de las paredes encaladas del hamam se pueden ver edificios representativos del que fuera el reino de Granada –siglos XI al XV-. Por ellas desfilan algunos de los 350 figurantes-voluntarios de pueblos y ciudades andaluzas que, vestidos de época, han participado en este proyecto del consorcio del milenio del Reino de Granada, que desde hace dos años trabaja para conmemorar la fundación en 1013 del Estado islámico en la península ibérica.

Las escenas con las que se topa el paseante que visite Jerusalén, desde la entrada a la ciudad Vieja por la puerta de Damasco y las que luego se ven en la muestra no son tan diferentes. La alcazaba de Málaga, la madrasa de Granada, el palacio de Mondragón en Ronda… las torres, las filigranas, los arcos y hasta los personajes que aparecen en las fotografías del reino de Granada, apenas desentonarían en las inmediaciones del barrio musulmán de la ciudad amurallada de Jerusalén, anexionada en 1967 por Israel.

Esta es la primera vez que el reino de Granada desembarca en el mundo árabe. Un palestino de mediana edad que cuelga las imágenes antes de la inauguración oficial, se sorprende ante la caligrafía árabe y los fragmentos del Corán que aparecen en una de las estancias de La Alhambra. “Nos interesaba ver las cosas que tenemos en común, los paralelismos”, explica Carmen Pozuelo, de la Fundación Legado Andalusí y comisaria de la exposición, mientras trabaja en el montaje de una muestra, que se confunde con el entorno.

Los rayos de luz que se cuelan por los vanos de la bóveda del haman Al Ayn son muy parecidos a los de la imagen de los baños de Fiñana. La fuente que preside la sala principal del edificio que acoge la muestra, recuerda mucho a la del palacio de Mondragón. Son paralelismos que nacen de la causalidad, pero sobre todo de la herencia común, que el Alma Desgranada: viaje a la memoria del reino de Granada trata de resaltar.

Juan Carlos González-Santiago y José Manuel Vera Borja firman las fotos de la exhibición que recalará pronto en El Cairo y más tarde en Catar.

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