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OPINIÓN

Capitalismo sin amor

David Cronenberg asume la adaptación con plena conciencia de las nuevas interpretaciones que aporta el contexto, pero, también, con la convicción de que es irrelevante trastocar los detalles de un pronóstico tan preciso

Fotograma de 'Cosmopolis' de David Cronenberg con Robert Pattinson.
Fotograma de 'Cosmopolis' de David Cronenberg con Robert Pattinson.

El adjetivo visionario resulta insoslayable cuando toca hablar de novelistas como Don DeLillo o J.G. Ballard, autores que, no por casualidad, han encontrado territorio común en el repertorio de adaptaciones imposibles del cineasta David Cronenberg. Publicada en 2003, Cosmópolis de DeLillo fue considerada como una incisiva exploración de los daños morales pos-11-S. Hoy se ha convertido en un texto profético que aisló las corrientes subterráneas que nos han llevado al presente colapso del sistema. En la novela, Eric Packer, asesor de inversiones podrido de dinero, atraviesa Nueva York, en el espacio aséptico y uterino de su limusina, para cortarse el pelo en la vieja barbería de su territorio de origen: un barrio desamparado. En el trayecto, una visita presidencial, manifestaciones anticapitalistas y el funeral de una estrella del hip-hop, elevada a la condición de figura mesiánica, irán puntuando ese viaje al fin de la noche de un capitalismo movido por su pulsión de muerte. DeLillo dibujaba un universo regido por flujos de información convertidos en criptogramas, mensajes de un dios oscuro por inexistente.

COSMÓPOLIS

Dirección: David Cronenberg.

Intérpretes: Robert Pattinson, Juliette Binoche, Paul Giamatti, Mathieu Amalric, Sarah Gadon. Género: drama. Canadá, 2012.

Duración: 109 minutos.

David Cronenberg asume la adaptación con plena conciencia de las nuevas interpretaciones que aporta el contexto, pero, también, con la convicción de que es irrelevante trastocar los detalles de un pronóstico tan preciso. Decía el británico Nick James que Cronenberg trataba la obra como si fuera un texto sagrado: solo una unidad monetaria —del yen al yuan— parece haber cambiado en el trasvase. La película no parece una adaptación, sino, directamente, la novela encarnada. Sátira helada que parece hablar en clave de encriptación arrogante, Cosmópolis contiene la secuencia erótica más excéntrica de todos los tiempos —la del proctólogo, el chándal y la botella de agua mineral: sofisticación del sexo desestructurado en la secuencia del túnel de lavado de Crash (1996)—, pero no parece nada dispuesta a hacer amigos. La película está condenada al rechazo en unos tiempos (populistas) en que neutralizar toda empatía emocional y reforzar las resonancias intelectuales del discurso no son los gestos más apreciados.