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OBITUARIO

Cristóbal Serra, escritor de culto

Transitó por la vanguardia, la mística, el surrealismo y la heterodoxia

Cristóbal Serra, en su casa de Palma de Mallorca en 2002.
Cristóbal Serra, en su casa de Palma de Mallorca en 2002. B. RAMON

Se decía un “gran admirador del castellano”, lengua que consideraba “superior a su literatura”. Le llamaron “ermitaño” y Cristóbal Serra explicó que se convirtió “en mariposa” para revolotear, inventar palabras y crear un mundo literario propio. El solitario Cristóbal Serra (Palma, 1922) murió a los 89 años en su tierra, Palma de Mallorca, el pasado 6 de septiembre, meses después de sufrir una caída que le mermó aun su escasa afición a alejarse de las letras de sus libros y papeles que se apilaban amontonados en torres por doquier de su casa. Autor de textos en mosaico, fantásticos y herméticos, se dijo ajeno a las murallas de los géneros.

El histórico crítico de EL PAÍS, Rafael Conte, fue uno de los vindicadores de este eternamente raro y marginal escritor. Triunfó como traductor de William Blake y Lao-tsé. Narrador y poeta, fue un constructor de universos imaginarios, anclados en la tradición universal de la sabiduría. Conte le retrató como “un gran escritor, un artista y un poeta enmascarado debajo de una cultura inmensa y global, dispersa y fragmentaria”, creador de una “literatura salteada” que ha hecho siempre “de la brevedad bandera”, pero de acceso “sencillo, discreto, humilde, transparente y de una innegable originalidad”. Serra, sin apenas moverse de su isla, sin rondar por los mundillos capitalinos, transitó por la vanguardia, el surrealismo, la mística y la heterodoxia. Fue intérprete de Jesús y adorador del asno eterno (El asno inverosímil). “Escribir no es una actividad placentera”, aseguró.

Fue celebrado por grandes firmas: Octavio Paz, Juan Larrea, José Bergamín, Joan Perucho y Pere Gimferrer, tras publicar, a partir de los 35 años, Péndulo y otros papeles, Viaje a Cotiledonia, Diario de signos. Estudió Derecho, por libre, en las universidades de Barcelona y Madrid, y, después, Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia. Tòfol Serra fue profesor de Inglés y Francés en centros de secundaria de Palma. Era un paseante, visitante de las bibliotecas, siempre abrigado, con el pelo en una nube, ojos miopes de lector sin pausa, despistado y muy amable.

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