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Dubái y lo que vendrá después

La feria de arte de Dubái y sus satélites confirman la pujanza del arte contemporáneo como una forma más sofisticada de mostrar el poder económico

Algo ha despertado en la sugerente Dubái, crisol donde Metrópolis se funde con Blade Runner, mientras la brisa del mar Arábigo acaricia y estimula entre las dunas rojizas las volátiles arenas del arte contemporáneo para afianzarle en una mutante escultura de acero y cristal. Dubái se ha lanzado en atraer a la escena artística internacional y en dejar fuera de juego el declive de propuestas renovadoras de la escena occidental, anclada en un mecenazgo desaparecido y un coleccionismo víctima de la especulación y del desconcierto. En su sexta edición, Art Dubai, en marzo de este año, se manifestó como una feria de arte contemporáneo que ha sabido combinar tradición y vanguardia con clarividente eficacia y se perfila como un evento ineludible para quienes siguen la estela del arte, por la sencilla razón de que su atractivo no reside solo en lo que aparentemente muestra sino en lo que intuimos que vendrá. Y esa sutil cualidad, alejada de ingredientes recargados y sazonada con calidad y diversidad, resulta en un delicado equilibrio reservado al dinamismo de los corredores de fondo.

Art Dubai propaga un sistema incomparable, permeable y en clara expansión y no de preservación y exclusión, como es el caso de las ferias occidentales, lastradas por un desfasado sentido de la importancia y la incapacidad por incorporar una visión generosa que supere un modelo agotado de entender el arte, ya que pese a los estereotipos, el lujo y la sensualidad plástica se proponen de forma discreta pero estable, convencidos de que el futuro del arte pasará por las coordenadas geográficas de Oriente Próximo.

Porque el exhaustivo programa de la Semana del Arte en los Emiratos Árabes no solo gira en torno al eje de la feria Art Dubai, sino que proyecta un amplio espectro de eventos paralelos representados en SIKKA, feria satélite dedicada a los artistas más innovadores de la región; Design Days Dubai, espacio expositivo que aúna a galerías y creadores en torno a las ediciones limitadas del diseño de colección; The Pavilion Downtown, un cercano edificio multidisciplinar estilo Bauhaus que alberga, bajo la sombra del megarrascacielos Burj Khalifa —donde la ingeniería homenajea al arte— una programación del videoarte más actual; el Global Art Forum, espacio abierto de conferencias y debates; o las noches de puertas abiertas en el polígono-laberinto de galerías de arte del distrito de Al Quoz. De entre las muchas prometedoras novedades destacaron las equidistantes obras de artistas como los iraníes Khosrow Hassanzadehel y Morteza’s Ahmadvand, del iraquí Sadik Kwaish Alfraji, la turca Deniz Üster, o la hawaiana Nina Yuen, que revelan un camino de búsqueda basado en la poética de la celebración y la renovación conceptual más que en el de la abstracción.

La influencia política de la “primavera árabe” se refleja en el trabajo de los artistas participantes y aunque existen ciertos criterios, principalmente referentes a los valores religiosos y sociales que ponen un límite a lo visualmente permisible, en Dubái se exhiben obras que en otros países de la región sería impensable.

Lo paradójico de la crisis que devastó al sector inmobiliario y financiero de Dubái es que produjo un efecto boomerang que ha acabado por fortalecer el panorama cultural y artístico de la urbe con la apertura de innumerables galerías al descender los precios de los alquileres y de que existe la conciencia de que el arte es símbolo de mayor nivel social y sofisticación que el yacente en los petrodólares. Art Dubai puede ser tanto “la cumbre de Davos del mundo del arte” como “el amplificador del grito de Oriente Próximo”, si bien su ambición es convertirse en un referente global de la cultura artística donde no solo es posible la oferta y demanda sino también el debate riguroso en torno a la teoría y práctica del arte que vendrá.